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EL SUEÑO DE GUDEA

Una de las referencias más antiguas de la oniromancia del Antiguo Oriente quedó recogida en el llamado Cilindro A de Gudea de Lagash (2141-2122 a.C.), ejemplar que junto a otro de semejante estructura (Cilindro B) totalizaban un texto hímnico de 1363 casillas, distribuidas en 54 columnas. En uno de los pasajes del Cilindro A se relata un sueño, recibido en varias fases y enviado a tal gobernante por su dios Ningirsu ordenándole la construcción (¿o reconstrucción?) del templo Eninnu (“Casa Cincuenta”), ubicado en Girsu. Dado que Gudea no pudo comprender el significado del sueño hubo de acudir a la diosa Nanshe para que se lo interpretara. Con unos recursos literarios de gran maestría narraba el autor, tal vez el propio Gudea, con imágenes muy vivas la serie de elementos simbólicos visionados durante el enigmático sueño. Los fragmentos seleccionados provienen del Cilindro A.

TEXTO

Columna I

Ningirsu, el rey del templo, llamó a Gudea. Así actuaba para que las “fuerzas divinas”, los me, del templo Eninnu hicieran su aparición en el mundo. El ensi [Gudea], hombre de amplio entendimiento, estaba prestando oído; luego, presentó sus respetos con todo tipo de grandes cosas, trayendo hacia acá un toro perfecto y un cabrito perfecto. Luego, levantó su cabeza hacia el “ladrillo del destino”, se esforzó con todas sus fuerzas en la (re)construcción del templo puro.

Y en aquella visión nocturna, hacia su rey, cuando Gudea abrió sus ojos y los dirigió sobre su señor Ningirsu, éste le habló sobre su templo y su (re)construcción: las grandes “fuerzas divinas”, los me, del Eninnu, él se las Puso ante sus ojos. Gudea —puesto que era ininteligible lo que estaba en su corazón- suspiró en estos términos:

-“¡Vamos, se lo voy a decir! ¡Vamos, se lo voy a revelar! ¡Que ella me apoye en esta tarea! ¡A mí, el pastor, se me ha confiado algo sublime! De 10 que me ha traído el sueño todavía no he comprendido su sentido ¡Voy a exponer el sueño a mi madre!”

Columna II

¡Que mi adivina, que sabe lo que es oportuno, mi Nanshe, mi hermana de la ciudad de Sirara, me haga comprender su sentido!

En su barca magur Gudea puso el pie; hacia su ciudad de Nina dirigió la barca por el ldninashdu, sobre el nuevo canal navegó con alegría. Cuando llegó al Bagara, templo que se ensancha sobre el nuevo canal, ofrendó, hogazas de pan, vertió agua fría, se fue al encuentro del rey del Bagara y le saludó:

-¡Héroe, león asaltante, que no tiene rival, Ningirsu, poderoso en el Abu supremo en Nippur! ¡Héroe, tú me has hablado, fielmente voy a comenzar! ¡Ningirsu, te voy a edificar tu templo, te voy a perfeccionar sus “fuerzas divinas”, sus me! ¡Que tu hermana, la niña nacida en Eridu, excelente en su especialidad, la reina, la adivina de los dioses, mi Nanshe, mi hermana de la ciudad de Sirara, me allane el camino a ello!

Su súplica, en verdad, fue atendida; el señor Ningirsu, su rey, aceptó las ofrendas y los ruegos de Gudea. En el templo Bagara celebró la fiesta eshesh. El ensi instaló su lecho en el templo de la diosa Gatumdu; luego ofrendó hogazas de pan, vertió agua fría, tras ello se acercó a la pura Gatumdu y le pronunció un ruego:

-¡Mi reina, hija del sagrado An, rey del cielo, máxima en su especialidad, deidad tutelar puesta en lo más alto!

Aquí finaliza la columna II.

Columna III

De la columna III se han suprimido aquí ocho o líneas de su comienzo.

-¡Gatumdu, dulce es tu puro nombre! Esta noche me acuesto aquí, tú eres mi gran cerca protectora de espino, tú eres el grano zakh-gibar, plantado en agua abundante, tú pones aliento de vida en mis entrañas. ¡Tú eres la gran protección, bajo tu sombra déjame refrescarme! ¡Que de tu augusta mano’ me puedas prestar la fuerza de tu brazo derecho, mi señora Gatunl iré a la ciudad, que mis presagios sean favorables! ¡Que hacia la montaña que se levanta del agua, hacia Nina, me preceda tu buen Udug, me siga buena Lamassu! ¡Vamos se lo voy a decir, vamos, se lo voy a revelar, que ella me apoye en este cometido! ¡Déjame llevar mi sueño a mi madre! ¡Que mi adivina, experta en su especialidad, mi Nashe, mi hermana de la ciudad de Sirara, me haga comprender su significado!

Columna IV

Habiendo oído su ruego, su reina aceptó las ofrendas y los ruegos, la sagrada Gatumdu aceptó las ofrendas y los ruegos de Gudea.

Se omiten 10 0 líneas. En ellas se narra la llegada de Gudea a la ciudad de Nina, la presentación de ofrendas y el encuentro con la diosa Nanshe.

-¡Mi Nanshe, tú eres la intérprete de los sueños de los dioses, eres la reina de todos los países! ¡Oh madre, hoy mi palabra es un sueño!

-En el sueño había un primer hombre, cuya talla igualaba el cielo, cuyo tamaño igualaba la tierra, por su cabeza era un dios, por sus alas el pájaro Imdugud, por sus miembros inferiores era la tormenta del Diluvio, tanto a su derecha como a su izquierda yacía un león; hombre que me ordenó construir su templo, pero lo que estaba en su corazón no lo he podido averiguar.

-Después por el horizonte ha despuntado un sol para mí. Luego, apareció una primera mujer —¿Quién era? ¿Quién no era?— sobre la cabeza le sobresalía un apropiado tocado, en una mano tenía un cálamo de plata pura, sobre una tablilla que puso en sus rodillas estaban diseñadas las “estrellas del buen cielo”.

Columna V

-Ella consultaba la tablilla. Había un segundo hombre, como un guerrero, quien poderoso en fuerza, sujetaba una placa de lapislázuli en la mano, sobre la cual dibujaba el plano de un templo. Delante de mí se hallaba una cesta sagrada, se había dispuesto un molde puro para hacer ladrillos y se había colocado el “ladrillo del Destino” dentro del molde para mí. Sobre un bello arbusto ildag en que mis ojos estaban absortos, los pájaros tidigi, no dejaban de trinar; además, un asno a la derecha de mi señor estaba pateando el suelo para mí,

Su madre Nanshe le contestó al ensi:

-Mi pastor, te voy a interpretar tu sueño: “el hombre, cuya talla igualaba cl ciclo, cuyo tamaño igualaba la tierra, que por su cabeza era un dios, por sus alas era el pájaro Imdugud, que por sus miembros inferiores era la tormenta del Diluvio, a cuya derecha e izquierda yacía un león, era, realmente hermano Ningirusu. Él te ordenó (re)construir su santuario Eninnu. El sol que te despuntó por el horizonte era tu dios Ningizzida: como el sol él salió para ti del horizonte. La virgen que apareció luego, que sobre la cabeza le sobresalía un apropiado tocado, que en una mano tenía un cálamo de plata pura, que sobre una tablilla que puso en sus rodillas estaban diseñadas las “estrellas del buen cielo”, y que ella consultaba, aquella era, realmente, mi hermana Nisaba

Columna VI

Se omiten las dos primeras del comienzo de esta columna.

El segundo hombre que, como un guerrero, era poderoso en fuerza, que sujetaba una placa de lapislázuli en la mano, ése era el dios Ninduba, él dibujaba el plano del templo. La cesta sagrada colocada delante de ti, el molde puro que se había dispuesto para hacer ladrillos y el “ladrillo del Destino”, colocado dentro del molde, era, realmente, el ladrillo adecuado para el Eninnu. Los pájaros tidigi, que no dejaban de trinar, situados sobre un bello arbusto ildag en que tus ojos estaban absortos, significa que por el ardor en la (reconstrucción del templo ningún dulce sueño llegará ojos. En cuanto al asno a la derecha de tu señor, que estaba pateando el suelo para ti, ése eras tú, que por tu impaciencia por el Eninnu patearás el suelo como una bestia de alquiler”

El resto de la columna VI, unas 13, se ocupa de los consejos que Nanshe dio a Gudea. Templo en Eninnu. En la columna VII es el propio Ningirsu quien revela a Gudea el plano del templo Eninnu. En la VIII el mismo dios – también en el transcurso de un sueño (el texto literalmente dice que “Gudea estaba tumbado “)— le indicará las instrucciones exactas para llevar a cabo los trabajos.

Estatua de Gudea en pie y sosteniendo un vaso manante. Museo del Louvre, París.

Fuente: Mitos de la antigua Mesopotamia – Federico Lara Peinado.