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TEXTO

Q 3: 2

Juan vino a toda la región cercana al Jordán.

Q 3: 7–9

Y dijo a las multitudes que acudían a ser bautizadas por él: «¡Estirpe de víboras! ¿Quién os aconsejó que huyérais de la ira venidera? Dad fruto propio de arrepentimiento y no empecéis a decir dentro de vosotros mismos, ‘Tenemos a Abraham por padre’; porque yo os digo que de estas piedras Dios puede levantar hijos a Abraham. Ya está el hacha colocada junto a la raíz de los árboles. Por lo tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y arrojado al fuego.»

Q 3: 16b–17

Yo, ciertamente, os bautizo con agua, pero Aquel que viene después que yo –que es más fuerte que yo y cuyas sandalias no soy digno de desatar– os bautizará (1) en Espíritu Santo y fuego. Lleva en la mano el aventador para limpiar su era y reunir el trigo en su granero, y quemará la paja en un fuego inextinguible.

Q 3: 21–2

Sucedió que cuando todo el pueblo era bautizado, también fue bautizado Jesús; y, mientras estaba orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él corporalmente, como una paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tu eres mi Hijo amado; en ti me complazco.

Q 4: 1–13

Jesús, lleno de Espíritu Santo, regresó del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto, siendo tentado allí por el Diablo durante cuarenta días. Y no comió nada durante esos días, y cuando concluyeron, tuvo hambre. El Diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Y Jesús le contestó, «Está escrito: No sólo de pan vivirá el hombre». Lo condujo entonces (el Diablo) a Jerusalén, y lo situó en el pináculo del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, lánzate desde aquí, porque está escrito, Ordenará a sus ángeles que te guarden, y, Te sostendrán sobre sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra». Jesús le contestó: «Se dijo, no tentarás al Señor, tu Dios». Entonces tomándolo el Diablo, le mostró todos los reinos de la Tierra en un instante, y le dijo, «A ti te daré toda esta autoridad y su gloria, porque me ha sido entregada y yo se la doy a quien quiero. Por lo tanto, si tú me adoras, será toda tuya». Y Jesús le contestó: «Está escrito, Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás.» Y habiendo concluido toda tentación, el Diablo se apartó de él hasta que llegara una ocasión más apropiada.

Q 6: 20–23, 24–26

En aquellos días, subió al monte a orar; y pasó la noche orando a Dios. Y cuando descendió, se detuvo en un lugar en compañía de una multitud de sus discípulos y de una gran muchedumbre de gente. Y alzando los ojos hacia sus discípulos, dijo:

Bienaventurados sois los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados sois los que tenéis hambre, porque seréis saciados.

Bienaventurados sois los que lloráis porque reiréis.

Bienaventurados sois cuando la gente os odie, y cuando os aparte de sí y os insulte, y rechace vuestro nombre como malo, a causa del Hijo del Hombre. Alegraos en ese día, y saltad de alegría, porque, ciertamente, vuestra recompensa es grande en el cielo; porque así hicieron sus antepasados (2) con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, ricos, porque habéis recibido vuestra consolación!

¡Ay de vosotros que ya estáis llenos, porque estaréis hambrientos!

¡Ay de vosotros que ahora reís, porque os lamentaréis y lloraréis!

¡Ay de vosotros, cuando toda la gente hable bien de vosotros, porque igual se comportaron sus antepasados (3) con los falsos profetas!,

Q 6: 27–35

Sin embargo, a los que escucháis os digo: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Cuando alguien te golpee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra; y si alguno te quita el manto, no le niegues la túnica. Da a todo el que te pida; y al que te quite tus pertenencias, no le pidas que te lo devuelva. Y así como deseáis que os hagan los hombres, hacedles vosotros igualmente. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué hacéis de particular? Porque hasta los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué hacéis de particular? También hacen lo mismo los pecadores. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis recibir el pago, ¿qué hacéis de particular? También los pecadores prestan a los pecadores porque esperan recibir lo mismo. Más bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, sin esperar nada; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno (también) con los ingratos y los malos.

Q 6: 36–37b, 38 c

Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. No juzgad y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará. Colocará en vuestro regazo una medida llena, apretada, removida, rebosante. Porque con la medida con que midáis, seréis medidos.

Q 6: 39b–40

¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo? Un discípulo no puede estar por encima de su maestro, pero todo aquel que reciba una educación completa será como su maestro.

Q 6: 41–42

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no ves la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «déjame que te quite la paja que tienes en el ojo», cuando tú mismo no ves la viga que está en tu propio ojo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás para poder quitar la viga que está en el ojo de tu hermano.

Q 6: 43–45

Porque ningún árbol bueno da mal fruto, ni tampoco un árbol podrido da buen fruto, sino que se puede conocer cada árbol por su propio fruto. Porque no se recogen higos de los espinos, ni se cosechan uvas de los zarzales. El hombre bueno del tesoro bueno del corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo saca lo que es malo del mal tesoro de su corazón; porque la boca habla de acuerdo a lo que tiene el corazón en abundancia.

Q 6: 46–49

¿Por qué me llamáis «Señor, Señor» y no hacéis lo que os digo? Os mostraré a qué se asemeja todo aquel que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica. Es como un hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y colocó el cimiento sobre la roca; y cuando llegó la riada, el torrente se estrelló contra aquella casa, pero no la pudo derribar, porque estaba cimentada sobre la roca. Pero aquel que las escucha y no las pone en práctica es como una persona que edificó una casa sin cimientos sobre un terreno. El torrente se estrelló contra ella e, inmediatamente, se vino abajo, y la ruina de aquella casa fue grande.

Q 7: 1–10

Y después de haber terminado de pronunciar todas sus palabras a oídos de la gente, entró en Cafarnaum. (4) Había (allí) cierto centurión que tenía un siervo, al que apreciaba mucho, enfermo y a punto de morir. Cuando oyó hablar acerca de Jesús, le envió ancianos de los judíos, para que le pidieran que viniera a sanar a su siervo. Cuando (éstos) llegaron ante Jesús, se lo rogaron insistentemente, diciendo: «Es digno de que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo y hasta nos ha edificado una sinagoga a sus expensas.» Jesús fue con ellos. Cuando estaba ya a no mucha distancia de la casa, el centurión le envió unos amigos para decirle, «Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que entres bajo mi techo. Por eso, no me considero digno de salir a tu encuentro. (5) Pero di una palabra, y mi siervo se curará. Porque yo mismo soy un hombre situado bajo una autoridad, con soldados que me están subordinados, y digo a uno: «Ve» y va; y al otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace.» Cuando Jesús escuchó esto, se maravilló de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: «Os digo que no he encontrado una fe así ni siquiera en Israel.» Y cuando regresaron a la casa los que habían sido enviados encontraron que el siervo había sido sanado.

Q 7: 18–23

Los discípulos de Juan (6) le contaron todas aquellas cosas y Juan, llamando a dos de sus discípulos, los envió al Señor para que le dijeran (7) «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Cuando los hombres llegaron, le dijeron: «Juan el Bautista nos envió a ti diciendo, ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y dolencias, y de espíritus inmundos, y dio la vista a muchos ciegos. Y él les respondió: «Id y decid a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos recuperan la vista, los cojos caminan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y el Evangelio es anunciado a los pobres; y bienaventurado es aquel que no halla ocasión de tropiezo en mí.»

Q 7: 24–28

Cuando los mensajeros de Juan se hubieron marchado, comenzó a hablar a las muchedumbres en relación a Juan: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Un hombre vestido con ropas lujosas? Ciertamente los que llevan ropas lujosas están en los palacios de los reyes. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Éste es aquel del que está escrito: «He aquí que envío mi mensajero delante de tu rostro, el cual preparará tu camino delante de ti.» Os digo que entre todos los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan, pero el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él.»

Q 16:16

La Ley y los profetas fueron hasta Juan. Desde entonces se proclama el Reino de Dios, y todos se oponen con violencia al mismo.

Q 7: 31–35

¿A qué compararé a la gente de esta generación (8) y a qué se asemeja? Son como los niños sentados en la plaza que se dicen los unos a los otros: «Os tocamos la flauta y no danzásteis; os entonamos una lamentación y no os lamentásteis». Porque Juan el Bautista no comía pan ni bebía vino, y decís, «Tiene un demonio». El Hijo del Hombre vino comiendo y bebiendo, y decís: «Ése es un comilón y un borracho, un amigo de los recaudadores de impuestos y de los pecadores.» Sin embargo, la Sabiduría es declarada justa por todos sus hijos.

Q 9: 57–62

Y mientras iban por el camino, alguien le dijo: «Te seguiré adonde quiera que vayas». Y Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo tienen nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde apoyar la cabeza.» Y a otro le dijo, «Sígueme». Pero éste le dijo: «Señor, déjame que vaya antes a enterrar a mi padre.» Y Jesús le dijo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos.» También le dijo otro: «Te seguiré, Señor, pero déjame primero despedirme de los que están en mi casa.» Jesús le dijo: «Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios.»

Q 10: 2–12

Y dijo entonces a sus discípulos: «La mies es mucha, pero los trabajadores son pocos. Rogad por lo tanto al señor de la mies que envíe trabajadores a su mies. Ciertamente, os envío como a ovejas en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. En cualquier casa donde entreis, decid en primer lugar: «La paz sea con esta casa.» Y si vive allí algún hijo de paz, vuestra paz descansará sobre él; pero si no es así, volverá de nuevo a vosotros. Quedáos en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que os ofrezcan, porque el trabajador es digno de su salario. No vayáis de casa en casa. Y si entráis en una ciudad y se os da la bienvenida, comed lo que os presenten; y sanad a los enfermos que haya en ella y decidles: «El reino de Dios se ha acercado a vosotros.» Pero en cualquier ciudad donde entréis y no se os dé la bienvenida, salid por las calles y decid: ‘Sacudimos contra vosotros hasta el polvo que se ha pegado a nuestros pies; pero sabed que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.’ Os digo que en aquel día (9) será más tolerable el castigo de Sodoma que el de esa ciudad.»

Q 10: 13–15

«¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados en vosotras hubieran sido hechos en Tiro y Sidón, hace mucho tiempo que se hubieran arrepentido, vistiéndose de saco y cenizas. Por eso, será más tolerable el castigo de Tiro y Sidón en el juicio que el vuestro. Y tú, Cafarnaum, ¿serás exaltada hasta el cielo? ¡Al Hades (10) descenderás!»

Q 10: 16

«Cualquiera que os escucha a vosotros, a mí me escucha, y cualquiera que os rechaza a vosotros, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.»

Q 10: 21–22

En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu Santo y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas de los sabios y de los instruidos, y se las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así resultó de Tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo salvo el Padre, ni al Padre salvo el Hijo y aquel a quien el Hijo desea revelárselo.»

Q 10: 23–4

«¡Bienaventurados son los ojos que ven lo que vosotros véis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros véis y no lo vieron, y desearon oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron.»

Q 11: 2–4

Les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea Tu nombre; venga Tu reino; danos hoy nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestras deudas, igual que nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos sometas a prueba.» (11)

Q 11: 9–13

«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre de entre vosotros, si su hijo le pide un pescado, le dará una piedra, o si le pide un huevo, le dará un escorpión? Por lo tanto, si vosotros, siendo egoístas, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»

Q 11: 14–23

Y estaba arrojando un demonio que provocaba la mudez, (12) cuando el demonio salió, el mudo se puso a hablar y la gente se maravilló. Pero algunos de ellos decían: «Por Belzebú, el príncipe de los demonios, expulsa a los demonios.» Otros, para tentarlo, le pedían una señal del cielo. Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo es devastado, y una casa dividida contra sí misma se hundirá. Y si Satanás expulsa a Satanás, es que él está dividido contra sí mismo y entonces ¿cómo resistirá su reino? Y si yo arrojo a los demonios por Belzebú, ¿por medio de quién los arrojan vuestros hijos? Por lo tanto, ellos serán vuestros jueces. Pero si es por el dedo de Dios que yo expulso a los demonios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado.» «Cuando un hombre fuerte, convenientemente armado, guarda su palacio, sus posesiones están seguras; pero cuando uno más fuerte viene y lo vence, le arrebata entonces la armadura en que confiaba y reparte el botín.» «El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama.»

Q 11: 24–28

«Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, va por lugares áridos buscando un sitio donde reposar, y, al no hallarlo, dice: «Regresaré a mi casa de donde salí». Y cuando vuelve, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y entran y moran allí; y la situación última de aquella persona es aún peor que la inicial.» Mientras decía estas cosas, una mujer de la muchedumbre levantó su voz y le dijo: «¡Bienaventurado sea el vientre que te llevó y los pechos de los que mamaste!» Y Jesús dijo: «Bienaventurados son más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan.»

Q 11: 16, 29–32

Otros para tentarle, le pedían una señal del cielo. Al comenzar a juntarse las multitudes, comenzó a decir: «Esta generación es una generación mala. Busca una señal, y no se le dará ninguna señal salvo la señal de Jonás. Porque igual que Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, igualmente lo será el Hijo del hombre para esta generación.» «La reina del Sur se alzará en el juicio con los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y ciertamente aquí hay algo más grande que Salomón.» «Los ninivitas se alzarán en el juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a causa de la predicación de Jonás y, ciertamente, aquí hay algo más grande que Jonas.»

Q 11: 33–36

«Nadie coloca una luz encendida en un sitio oculto o bajo un almud, sino en el candelero, para que aquellos que entran puedan ver la luz.» «La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando el ojo es generoso, todo el cuerpo está lleno de luz; pero cuando es mezquino, el cuerpo está lleno de tinieblas. Cuídate, por lo tanto, de que la luz que hay en ti no sea tinieblas. Por lo tanto, si todo tu cuerpo está lleno de luz, sin tener parte oscura, estará completamente iluminado, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.»

Q 11: 37–52

Cuando terminó de hablar, le rogó un fariseo que comiera con él; y entrando Jesús en la casa, se puso a la mesa. El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que Jesús no se hubiera lavado antes de comer. Pero el Señor le dijo: « Lo cierto es que vosotros los fariseos limpiáis el exterior del vaso y del plato, pero en vuestro interior estáis llenos de rapacidad y maldad. ¡Necios! ¿el que hizo el exterior, no hizo también el interior? Entregad vuestro interior (13) y entonces todo será limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, porque diezmáis la menta y la ruda y toda verdura, y descuidáis la justicia y el amor de Dios! De esto último deberíais ocuparos sin dejar por ello lo otro. ¡Ay de vosotros, fariseos, que amais los primeros puestos en las sinagogas, y los saludos en las plazas! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que sois como los sepulcros que no se ven, de manera que los que los pisan, lo hacen sin saberlo!» En respuesta, le dijo uno de los intérpretes de la Ley: «Maestro, al decir esto, también nos ofendes a nosotros.» Y él dijo: «¡Ay de vosotros también, intérpretes de la Ley, porque cargáis a la gente con cargas que no pueden soportar, mientras que vosotros no tocáis las cargas ni siquiera con un dedo! ¡Ay de vosotros, que construís los sepulcros de los profetas que mataron vuestros padres! Así sois testigos y consentidores de las acciones de vuestros padres, porque ellos los mataron y vosotros construís sus sepulcros. Por eso, la Sabiduría de Dios dijo: «Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos de ellos los matarán y a otros los perseguirán, para que se reclame de esta estirpe (14) la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la fundación del mundo, desde la sangre de Abel a la sangre de Zacarías que fue asesinado entre el altar y el santuario. En verdad os digo que se reclamará a esta estirpe. ¡Ay de vosotros, intérpretes de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave del conocimiento! Vosotros mismos no entrásteis, e impedísteis que lo hicieran aquellos que lo deseaban.»

Q 12: 2–3

«Nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni nada oculto que no llegue a conocerse. Por lo tanto, lo que habléis en las tinieblas, será oído a la luz, y lo que habéis susurrado al oído en habitaciones secretas, será proclamado desde las azoteas.»

Q 12: 4–7

«Yo os digo, amigos míos, que no temáis a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. Voy a señalaros a quién debeis temer. Temed a aquel que, después de haber matado, tiene poder para arrojar en la Gehenna. (15) Sí, os digo, ¡a ése temed! ¿Acaso no se venden cinco pajarillos por dos «assaria»? (16) Aun así, Dios no se ha olvidado de ninguno de ellos. Pues incluso los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis, porque vosotros valéis más que muchos pajarillos.»

Q 12: 8–9

«Os digo que todo aquel que me confiese delante de los hombres, el Hijo del hombre también lo confesará delante de los ángeles de Dios; pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.»

Q 12: 10

«Todo el que dijere una palabra contra el Hijo del hombre será perdonado; pero aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo no será perdonado.»

Q 12: 11–12

«Cuando os llevaren ante las sinagogas, y ante los gobernantes y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué debéis contestar o qué tenéis que decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debéis decir.»

Q 12: 13–14, 16–21

Alguien de la multitud le dijo, «Maestro, di a mi hermano que divida la herencia conmigo.» Pero él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha puesto como juez o partidor sobre vosotros?» Y les dijo: «Mirad, guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee.» También les refirió una parábola, diciendo: «La propiedad de un hombre rico produjo en abundancia, y pensó para sus adentros, diciendo: «¿Qué voy a hacer? porque ya no tengo dónde guardar las cosechas.» Y dijo: «Esto es lo que voy a hacer. Derribaré mis graneros y construiré otros mayores y almacenaré allí todo mi grano y mis posesiones; y diré a mi alma: ‘Alma, tienes muchas cosas almacenadas para muchos años. Descansa, come, bebe, diviértete–. Pero Dios le dijo: «¡Necio! Esta noche te pedirán tu alma, y ¿de quién será todo lo que has preparado?» Así es aquel que hace un tesoro para sí, y no es rico para con Dios.»

Q 12: 22–31

Dijo después a sus discípulos: «Por tanto os digo: no tengáis ansiedad por vuestra vida, por lo que comeréis, o por vuestro cuerpo, por lo que vestiréis. La vida vale más que la comida y el cuerpo más que el vestido. Considerad los cuervos. No siembran, ni siegan, ni tienen almacenes o graneros, y Dios los alimenta. ¿Acaso no valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Quién de vosotros, a fuerza de preocuparse, conseguirá añadir un palmo (17) a su estatura? Y si no podéis lograr una cosa tan pequeña, ¿por qué os preocupáis por otras? Considerad los lirios, cómo crecen. No trabajan ni hilan, pero os digo que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si Dios viste así la hierba que hoy está en el campo y que mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más os vestirá a vosotros, hombres de poca fe! Vosotros, por lo tanto, no os preocupéis por lo que comeréis o lo que beberéis, ni os dejéis llevar por la ansiedad. Porque los paganos (18) buscan estas cosas pero vuestro Padre ya sabe que las necesitáis. Buscad, por lo tanto, el Reino de Dios y todas estas cosas os serán añadidas.»

Q 12: 33–34

«Vended lo que poseéis y dad limosna. Procuraos bolsas que no se envejezcan, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega ningún ladrón ni causa destrozos ninguna polilla.»

Q 12: 35–38

«Estén ceñidas vuestras cinturas (19) y encendidas vuestras lámparas, y sed como gente que espera que su señor regrese a casa procedente de unas bodas, para que cuando llegue y llame, pueden abrirle inmediatamente la puerta. Bienaventurados son aquellos siervos a los que su señor encuentre velando cuando venga. En verdad os digo que se ceñirá, y hará que se pongan a la mesa y vendrá a servirlos. Y aunque venga en la segunda vigilia, o en la tercera, si los encuentra así, bienaventurados son aquellos siervos.»

Q 12: 39–40

«Pero sabed que si el padre de familia supiera en qué momento de la noche va a venir el ladrón, vigilaría y no permitía que le abrieran (20) la casa. Vosotros también tenéis que estar preparados porque el Hijo del hombre viene a una hora que no esperáis.»

Q 12: 42b–46

«¿Quién es el mayordomo fiel y sabio a quien su señor pone a cargo de la casa para que les dé su alimento al tiempo debido? Bienaventurado es aquel siervo al que su señor, cuando venga, encuentre actuando de esa manera. En verdad os digo que le colocará al cuidado de todas sus posesiones. Pero si ese siervo se dice a sí mismo: «Mi señor se retrasa», y empieza a golpear a los demás siervos y siervas, y a comer y a beber y a emborracharse, el señor de aquel siervo vendrá el día que no lo espera, y a una hora que no sabe, y le castigará severamente y le dará un lugar junto con los hipócritas.»

Q 12: 49–53

«He venido a prender fuego a la tierra, y ¿qué más puedo desear, puesto que ya se ha encendido? Tengo que ser bautizado con un bautismo y me siento agobiado hasta que eso suceda. ¿Creéis que he venido a traer la paz a la tierra? Pues os digo que no. He venido a traer división. Porque desde ahora en adelante si hay cinco en una casa se encontrarán divididos: tres contra dos y dos contra tres. Estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Q 12: 54–56

Y decía también a las multitudes: «Cuando véis una nube que se alza por el oeste, rápidamente decís: ‘Va a llover’; y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís: ‘Hará calor’; y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis cómo interpretar la apariencia de la tierra y del cielo, ¿por qué no sabéis entonces interpretar esta época (21)?»

Q 12: 57–59

«¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas al juez junto con tu oponente, procura llegar a un arreglo con él mientras vais de camino, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te arroje en prisión. Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último Cuadrante (22).»

Q 13: 18–21

Y dijo: «¿A qué es semejante el reino de Dios y a qué lo compararé? Es como un grano de mostaza que alguien tomó y arrojó en su propio huerto, y creció y se convirtió en un árbol y las aves del cielo hicieron sus nidos en las ramas. Y volvió a decir: «El reino de Dios es como levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que toda la masa quedó fermentada.»

Q 13: 24–27

«Esforzáos por entrar por la puerta estrecha; porque os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Una vez que el padre de familia se haya levantado y haya cerrado la puerta, empezaréis a llamar a la puerta desde fuera, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Él os contestará: ‘No sé de donde sois.’ Entonces comenzaréis a decir: –Comimos y bebimos contigo, y tú enseñaste en nuestras calles. Y él os dirá: ‘Os digo que no sé de dónde sois. Apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.’»

Q 13: 28–30

«Y vendrá gente del este y del oeste y del norte y del sur y estarán a la mesa en el reino de Dios. Y habrá llanto y crujir de dientes, cuando veáis a Abraham y a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras vosotros quedáis excluidos. Y, ciertamente, aquellos que son los primeros, serán los últimos y aquellos que son los últimos, serán los primeros.»

Q 13: 31–33 (23)

Llegaron unos fariseos y le dijeron: ‘Sal y márchate de aquí, porque Herodes desea matarte.’ Y Jesús les dijo: ‘Id y decid a esa zorra: (24) Ciertamente, expulso demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día concluyo mi obra. Sin embargo, es preciso que hoy y mañana y pasado mañana continúe mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.’

Q 13: 34–35

«¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he deseado reunir a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! Ciertamente, vuestro templo será desolado. Pero os digo que no me veréis hasta que venga el tiempo en que digáis: ‘Bendito el que viene en el nombre del Señor.»

Q 14: 1–6

Sucedió un sábado, que había entrado a comer en casa de un gobernante, que era fariseo. Éstos lo vigilaban. Y sucedió que había delante de él un hombre hidrópico. Entonces Jesús dijo a los intérpretes de la Ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado?» Pero ellos callaron. Y él, tomándolo, lo sanó y lo despidió. Y dirigiéndose a ellos, les dijo: «¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en un pozo, no lo saca inmediatamente, aunque suceda en sábado?» Y no le podían contestar a estas palabras.

Q 14: 11–18: 14b

«Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado.»

Q 14: 16–24

Entonces Jesús le dijo: «Cierto hombre dio un gran banquete, e invitó a muchos, y envió a su siervo a la hora del banquete a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado.’ Y uno a uno comenzaron a presentar sus excusas. El primero le dijo: –He comprado una hacienda y tengo que ir a inspeccionarla. Te suplico que me disculpes.’ Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes, y tengo que probarlos. Te suplico que me disculpes.’ Y otro dijo: ‘Acabo de casarme y por tanto no puedo ir.’ Y el siervo vino y se lo dijo a su señor. Entonces el padre de familia se encolerizó y dijo a su siervo: ‘Sal a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos.’ Y el siervo dijo: ‘Señor, he hecho lo que me mandaste, y todavía queda sitio.’ Y el señor le dijo al siervo: ‘Sal por los caminos y las sendas y hazles entrar para que se llene mi casa. Porque te digo que ninguno de los que fueron invitados disfrutará de mi banquete.’»

Q 14: 26–27; 17: 33

«Si alguno acude a mí, y no me prefiere (25) a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no toma su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo. El que procura salvar su vida la perderá, pero el que la pierda, la salvará.»

Q 14: 34–35

«La sal es buena; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le podrá devolver el sabor? «No sirve ni para la tierra ni para el muladar. La tiran. El que tiene oídos para oír que oiga.»

Q 15: 4–10

«¿Qué hombre hay entre vosotros que teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va en busca de la perdida hasta que la encuentra. Y encontrándola, la coloca sobre sus hombros, lleno de alegría, y volviendo a casa, invita a sus amigos y vecinos, diciéndoles: ‘Alegraos conmigo, porque he encontrado a mi oveja que se había perdido’? De igual manera os digo que habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento. ¿Qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara y barre la casa y busca diligentemente hasta que la encuentra. Y al encontrarla, invita a sus amigos y vecinos, diciendo: ‘Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que se había perdido’? De igual manera, os digo que se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.»

Q 16: 13

«Nadie puede servir a dos señores, porque u odiará a uno y amará al otro, o será leal a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.»

Q 16: 16–18

«La Ley y los profetas fueron hasta Juan. Desde entonces es proclamado el reino de Dios, y todos se oponen a él con violencia. Pero es más fácil que pasen el cielo y la tierra que no que caiga una tilde de la Ley. Todo aquel que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio y el que se casa con una divorciada es un adúltero»

Q 17: 1–2

«Es imposible que no se produzcan tropiezos, pero ¡ay de aquel por quien vengan! Sería mejor para él que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, que el haber hecho extraviarse a uno de estos pequeños.»

Q 17: 3b–4

«Si tu hermano peca, repréndele, y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día y se vuelve a ti las siete veces diciendo: – Me arrepiento’, perdónale.»

Q 17: 6b

«Si tenéis fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: –’Desarráigate y plántate en el mar’, y os obedecería.»

Q 17: 23–37

«Os dirán: ‘Aquí está o allí está.’ No vayáis ni los sigáis. Porque igual que el relámpago resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así será también el Hijo del hombre en su día. Pero antes es necesario que sufra mucho y sea rechazado por esta generación. Y le dijeron: ‘¿Dónde, Señor?’ y les dijo: ‘Donde está el cuerpo, se juntan los buitres.’ (26)

En los días del Hijo del hombre sucederá como aconteció en los días de Noé. Comían, bebían, se casaban y se daban en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Igual sucedió en los días de Lot. Comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día en que Lot salió de Sodoma llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes se encuentren en casa, que no baje a por ellos; y el que se encuentre en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que intente salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará. Os digo que en aquella noche habrá dos personas en una cama. Una será tomada, y la otra será dejada. Dos mujeres estarán moliendo juntas; una será tomada y la otra será dejada.»

Q 19: 12–16

Por lo tanto, dijo: «Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino, y después regresar. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas (27) y les dijo: ‘Negociad con ellas en lo que regreso.’ Y sucedió que cuando regresó, tras haber recibido su reino, dio la orden de llamar a estos siervos a los que había entregado el dinero, para saber cómo había negociado cada uno con él. El primero vino y le dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas.’ Y él le dijo: ‘Bien hecho, buen siervo.¿ Porque fuiste digno de confianza en lo poco, tendrás autoridad sobre diez ciudades.’ Y el segundo vino y le dijo: ‘Señor, tu mina ha producido cinco minas.’ Y él le dijo también a éste: ‘Tu estarás sobre cinco ciudades.’ Y el otro vino y le dijo: ‘Señor, aquí está tu mina. La he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo de ti. Porque eres un hombre severo, que sacas de donde no pusiste, y cosechas de donde no sembraste. Él le dijo: ‘¡Mal siervo, por tus propias palabras (28) te juzgo! Si sabías que yo soy un hombre severo que saca de donde no puso, y cosecha de donde no sembró, ¿por qué no entregaste mi dinero a un banco, para que cuando yo viniera, pudiera recibirlo con intereses?’ Y dijo a los que estaban presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene diez minas.’ Y ellos le dijeron: ‘Señor, ya tiene diez minas.’ Y él les dijo: ‘Os digo que a todo el que produzca se le dará, y al que no produzca se le quitará incluso lo que ya tiene. Y al siervo inútil arrojadlo a las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes.’»

Q 22: 27–30

«¿Cuál es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy con vosotros como el que sirve. Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas; y yo os asigno un reino como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.» (29)

NOTAS

(1) O «sumergirá».

(2) Lit: «padres».

(3) Lit: «padres».

(4) O Capernaum.

(5) Lit: «hasta ti».

(6) Se refiere a Juan el Bautista, ver: Mateo 11, 2–6.

(7) Lit: «diciendo».

(8) O estirpe.

(9) El día del Juicio.

(10) En este caso, tiene la acepción de lugar de castigo consciente y eterno.

(11) O: «No nos conduzcas a la tentación».

(12) Lit: «que era mudo».

(13) O: «dad limosnas de lo que tenéis dentro»

(14) O: «generación».

(15) Lugar de castigo eterno y consciente destinado para los condenados. Equivale a «infierno».

(16) Monedas de escasa cuantía.

(17) Lit: «un codo».

(18) Lit: «las gentes del mundo».

(19) Lit: «vuestros lomos».

(20) Lit: «horadaran» o «perforaran». Se refiere a la acción de abrir un boquete en un muro para entrar en el interior del edificio y robar.

(21) Lit: «tiempo».

(22) Moneda de escaso valor.

(23) La adscripción de este pasaje a Q no es del todo segura.

(24) En el sentido de astucia pero, también, posiblemente, de insignificancia.

(25) Lit: «aborrece». Se trata de un semitismo con el significado de «preferir» o «anteponer».

(26) O “águilas”. ¿Quizá una referencia a los estandartes romanos?

(27) Moneda que correspondía a cien dracmas.

(28) Lit: «por tu propia boca».

(29) Es posible que el Documento Q contara con su propia versión de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Desgraciadamente, resulta imposible reconstruir esta parte del Documento con certeza.

Fuente: Por César Vidal Manzanares.