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EL ESLABÓN PERDIDO NO EXISTE

El tema de los orígenes puede examinarse y comprenderse mejor si nos centramos un poco más en el concepto del eslabón perdido y en la evolución de su significado. Lo hacemos sobre la base de un artículo publicado en 2015, que quedó, como tantos otros, sin la debida visibilización. Se refiere a uno de los más antiguos de nuestros antepasados bípedos, Ardipithecus ramidus.

El artículo es (como suele decirse) una reseña, una síntesis, una puesta a punto; fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences y firmado por autores importantes, comenzando por Tim D. White. Se trata de uno de los tres paleoantropólogos (junto a Don Johanson e Ives Coppens) que, hacia finales de la década de 1970, describieron y denominaron la especie a la que pertenece «Lucy» (Australopithecus afarensis), así como el líder indiscutible de la misión internacional en el valle del curso medio del río Awash, en Etiopía, que desde hace más de veinte años está originando gran número de actividades de campo, descubrimientos sensacionales e investigaciones punteras que quizás no tengan igual en el mundo. Entre ellos se encuentra el descubrimiento del esqueleto denominado «Ardi».

Con una datación de aproximadamente 4,4 millones de años, Ardi es el más completo e informativo representante de la especie Ardtpithecus ramidus. Se trata de un esqueleto fragmentario, y es el único fósil (que yo sepa) al que se ha dedicado un número entero en la revista Science (en 2009), con artículos dedicados, todos ellos, a los diversos elementos del esqueleto y a su contexto geopaleontológico, con un total de unas 250 páginas. Se supone que Ardi sea anterior a la difusión adaptativa de los australopitecinos, surgidos en África oriental y meridional hace entre 4 y 2 millones de años. Y son justo las características de este esqueleto las que originan la discusión de Tim White y sus colegas acerca del concepto (equivocado) de «eslabón perdido».

El razonamiento se inicia con Darwin (como no podría ser de otro modo), cuando decía que en su tiempo, e incluso mucho después, los investigadores han tenido la tendencia a realizar una simple triangulación. Esta es la siguiente: hoy está el Homo sapiens y los simios antropomorfos, ergo debe de haber existido en el pasado una especie intermedia, o incluso más de una. La esperanza es que retrocediendo en el tiempo alcancemos lo que se ha definido como Last Common Ancestor (LCA), el último anillo, desde abajo, de una especie de cadena en forma de V; es decir, una criatura posiblemente más parecida en sus características óseas y dentales a los simios antropomorfos que a nosotros los humanos. Ahora bien, dado que a lo largo del tiempo ha resultado cada vez más evidente (incluso por el ADN) que los seres vivos más próximos a nosotros son los chimpancés, ha arraigado la idea de que estos últimos constituyen algo así como «eslabones perdidos vivientes», o como han escrito algunos autores (Richard Wrangham y David PiIbeam), «maquinas del tiempo» con las que observar el pasado. Del mismo tipo es también la idea de que nuestra especie deba considerarse el «tercer chimpancé>> (Jared Diamond).

Los fósiles descubiertos en los últimos veinte años, en especial los pertenecientes al género Ardipithecus —y sobre todos los demás, Ardi—, han roto esta cadena (todo hay que decirlo) de consideraciones y han desmentido sus conclusiones. En efecto, del estudio de los distintos elementos del esqueleto resulta (¡simplemente!) que Ardi no es una forma intermedia entre el chimpancé y nosotros los humanos, ni siquiera entre los chimpancés y el Australopithecus.

Para terminar, si Ardi es con mucha probabilidad el antepasado, este no desciende, a su vez, de un primate similar a los actuales chimpancés. Más bien parece que el género Ardipithecus ha sido uno de los simios antropomorfos del Mioceno tardío, del que probablemente deriva nuestro matorral evolutivo. Por esta razón está próximo al LCA, pero respecto a este, los chimpancés derivan de él tanto como nosotros los humanos derivamos de él.

Esto es todo (para saber más, sugiero buscar en los Proceedings of the National Academy of Sciences del 21 de abril de 2015).

Fuente: Por Giorgio Manzi – extracto del libro “Últimas noticias sobre la evolución humana”