A pesar de que la hímnica sumeria es muy numerosa son muy pocos los himnos dedicados al dios An, que han llegado hasta nosotros, y entre ellos destaca el que vamos a presentar aquí. Fue publicado por primera vez por H. ZIMMER. En 1913 y traducido por él mismo en 1916. Esta literatura de carácter religioso, cuya finalidad última era cantar las glorias de la divinidad a la que iban dedicados, alcanzó una gran popularidad entre los fieles, que exaltan de tal manera al dios al que dirigen sus plegarias, que olvidan a todos los demás dioses, dándole de esta manera un carácter de dios supremo, llegando en ocasiones al punto que podría pensarse que es dios único. Un problema muy importante que se nos presenta en este tipo de textos, y que hemos de tener muy presente, es el de su datación, ya que en muchas ocasiones resulta prácticamente imposible realizarla y aparecen grabados en las paredes de infinidad de monumentos; del mismo modo es muy frecuente que estas composiciones permanezcan en la mente de los fieles y las transmitan de padres a hijos de manera oral, hasta que alguno de ellos se decida a ponerla por escrito, de ahí que desde el momento de su composición hasta el de su plasmación sobre algún soporte material, puedan transcurrir varios cientos de años.

TEXTO

¡Señor supremo, que precedes a todos, que has hecho poderosas las «Fuerzas divinas» perfectas el más anciano de los señores! (Barsud) El que levanta la cabeza, el enorme, el toro, del que sale todo germen el del nombre importante, revestido de poderoso terror cuya suprema sentencia nadie derriba, la «montaña de las puras fuerzas divinas», revestida de terror se ha sentado en el sillón grande: An, rey de los dioses, (Shabatuku) le miró desde lejos con su mirada fija, al príncipe Lipit-Ishtar le miró con su mirada fija, le dio vida para días lejanos el príncipe Lipit-Ishtar le dio vida para días lejanos. La sentencia de An está sólidamente asentada, ningún dios se opone a ella, los dioses Anunna, todos los dioses se reunieron con él en el lugar del destino. (Shabatuku) Ha hecho aparecer radiantemente todas las grandes «fuerzas divinas», los dioses del cielo (por esto) acudieron a él (Barsud) Dispuso con justicia las reglas (del cielo), cualquiera se le doblega en el cielo y en la tierra. Con su suprema «fuerza divina», en […] el gran An regaló el reino estimado a Lipit-Ishtar, hijo de Enlil. (Sagidda) Grande es An, el dios que aparece es grande, el apoyo del poderoso An es el rey Lipit-Ishtar. (Es su antífona) An, con su corazón rebosante de gracia, le nombró rey, (y) le habló fielmente al descendiente real: «¡Lipit-Ishtar, te he otorgado el poder, que levantes orgullosamente tu cabeza al cielo, que, igual que una tempestad naciente, seas tú revestido de terrible resplandor, que tu temporal cubra a todos los enemigos (y) a la tierra extranjera insubordinada! ¡Impusiste justicia a Sumer y Akad, alegraste el corazón del país, apareciste, Lipit-Ishtar, hijo de Enlil, reluciente como el día! ¡(Que) las ciudades donde viven los hombres estén al unísono contigo, que el pueblo de los “cabezas negras”, numeroso como las ovejas, siga tu buen mandato! ¡Lipit-Ishtar, hasta el país extranjero tú eres su rey! ¡El alto trono principal, el adorno eterno, Enlil te dio fielmente, te consolidó su fundamento, ¡Zu-en te colocó la corona firmemente, que la lleves para siempre! ¡Enki te revistió de las “fuerzas divinas” del principado, Inanna te acompaña en su vestido de princesa, que te acompañen el “buen Udug”, el “espíritu tutelar del Ekur”, que intercedan por ti en tus ofrendas alimenticias, cuando ofrezcas uvas y leche! ¡Niño, criatura de Enlil, que todo lo logres!» Siguen dos versos destruidos (Sagarra) An, revestido de terror, te ha donado a ti, al hijo elegido de E[nlil], grandes dones. (Es su antífona). La palabra de An determina la buena suerte, la palabra del gran An [determina] la buena suerte; a Lipit-Ishtar, hijo de Enlil, [le ofrece su] brazo. Uru-en Adab para An.

Fuente: José María Blázquez Martínez – Javier Cabrero. Publicado previamente en: Boletín de la Asociación Española de Orientalistas.

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