Ciencia

LA FÍSICA CUÁNTICA Y SU VÍNCULO CON LA CONSCIENCIA

¿Puede demostrar la física cuántica que existe vida tras la muerte?

Numerosos descubrimientos científicos han dado lugar a la creación de implantes de órganos artificiales, extremidades robotizadas, chips que permiten percibir imágenes y escuchar sonidos a ciegos y a sordos. Todo ello con el fin de aumentar nuestra esperanza y calidad de vida; todo ello por evitar la mirada incómoda de la muerte.

Entre los días 28 y 30 de mayo de 2015 se celebró una conferencia en el Centro Culver de Riverside, California, a la que asistieron miembros del Proyecto Inmortalidad, una investigación financiada por la Fundación John Templeton e iniciada en 2012, en la que un grupo multidisciplinar de científicos y estudiosos está intentando desentrañar la posible existencia de vida después de la vida a través de las experiencias cercanas a la muerte. Los asistentes fueron Kurt Gray, Stephan Blatti, Carl Mosser, Christina Van Dyke, Chris Belshaw, Sam Parnia, Benjamin Mitchell Yellin, John Martin Fischer, etc. John Martin Fischer es profesor de Filosofía de la Universidad de California Riverside y lidera este proyecto, que además pretende resolver el “problema” del envejecimiento, identificando un gen a través de la hidra, un organismo acuático con la capacidad de regenerarse por sí mismo y que vive más años que cualquier otra especie animal –puede llegar a los 1.400 años–. 

La clave está en la consciencia

Según la definición del científico estadounidense Marvin Minsky, la consciencia es una “sociedad de mentes”, es decir, una secuencia de pensamientos e imágenes que salen de diferentes “mentes” más pequeñas, cada una de las cuales compite por nuestra atención. Para algunos científicos que se han adentrado en el controvertido e hipotético campo de la vida después de la vida, es decir, la superveniencia de esta consciencia, la forma de cómo concebimos el mundo es lo que valida su existencia. 

En el año 2001, el cardiólogo Pim Van Lommel publicó en la revista The Lancet un estudio realizado en el que quiso averiguar si la consciencia tiene un inicio o un final, así como su relación con la función cerebral y la existencia de elementos que fueran una constante tras la muerte y que pudieran justificar la pervivencia de la consciencia tras el fallecimiento. Llegó a la conclusión de que ni factores psicológicos, farmacológicos o fisiológicos podrían causar este tipo de experiencias tras un paro cardiaco. También expuso que durante las ECM provocadas “artificialmente” –estimulación eléctrica, hiperventilación, consumo de drogas, etc– en raras ocasiones se producen sensaciones fuera del cuerpo y procesos de transformación psicológica como en el caso de las ECM “espontáneas”.   recordadas. 

Estos campos de información se harían patentes cuando nuestro cerebro es sometido a determinados campos electromagnéticos que inhiben o excitan la actividad cerebral, y que son producidos en determinadas situaciones, como las ECM. Por tanto, ¿es posible que el acceso a la totalidad de esa información o realidad llegue también cuando morimos? En esta misma línea de pensamiento se mueve el doctor en psiquiatría José Miguel Gaona. Si bien reconoce que la neurofisiología podría dar explicación a determinados hechos que acontecen en el umbral de la muerte, como ciertos sonidos, la visión del túnel, la sensación de estar flotando, etc, afirma que hay otros elementos a los que la ciencia convencional no puede dar respuesta, como aquellas situaciones que están fuera del alcance del sujeto cuando se encuentra en estado vegetativo, pero que son descritas con claridad cuando vuelve en sí.

ECM, FENÓMENOS PARANORMALES Y OVNIS

“Me ocurrió hace dos años, cuando acababa de cumplir diecinueve. Conducía el coche para llevar a su casa a un amigo y al llegar a una intersección, me detuve para mirar en ambas direcciones y no vi que viniese coche alguno. Me metí en la intersección y oí gritar a mi amigo con todas sus fuerzas. Cuando miré, me cegó una luz: eran los faros de un coche que se precipitaba hacia nosotros. Escuché el horrible ruido que hizo el lado del coche al estrujarse, y durante un instante me pareció atravesar un espacio cerrado y oscuro. Fue todo muy rápido. Luego me encontré flotando a unos cinco pies por encima de la calle y a cinco yardas del coche, desde donde oí el eco del choque. Vi que la gente corría y se arremolinaba alrededor del lugar del accidente. Mi amigo, en estado de shock, salió del coche. Pude ver mi propio cuerpo en la chatarra entre toda aquella gente y cómo intentaban sacarlo”.

El anterior fragmento forma parte de Life after life (1975), obra del doctor Raymond Moody, quien compiló multitud de ECM de pacientes y que llegó a ser un bestseller mundial.  La trayectoria profesional de Moody nos hace reflexionar sobre la importancia de la consciencia y de la percepción que tenemos de nuestro mundo. Quizá por ello, el estudio de las ECM deba abordarse desde un punto de vista multidisciplinar, incluyendo postulados de la física cuántica que nos acerquen a una explicación más coherente.

“Si podemos modificar la realidad en base a lo que observamos o a lo que somos capaces de percibir, ¿qué pasaría si observáramos bajo otra perspectiva la muerte? ¿Acaso conoceríamos mejor lo que subyace tras ella?”

¿Podríamos entonces encontrar referentes a este respecto en hechos que estudia la parapsicología o incluso en asuntos ufológicos para explicar los acaecidos en las ECM? Personas que son capaces de verse fuera de su cuerpo, se asemejan a hechos similares durante la proyección astral, predicción de eventos meteorológicos o incidencia sobre objetos eléctricos, lo cual nos recuerda a los sensitivos, o incluso a los abducidos que tras un encuentro OVNI desarrollan ciertas facultades o una hipersensibilidad electromagnética. ¿Acaso nos encontramos ante situaciones sobre las que incide la misma causa? “El hombre, es capaz de generar su propio campo magnético, lo que supone volver a recapitular que dentro de la teoría del modelo físico se encuentre la percepción extrasensorial, tanto para el hombre como para los animales. Todo esto hace pensar que si el Universo, tal y como lo conocemos, es la resultante de las sensaciones registradas por nuestros órganos sensoriales, ha de considerarse que a órganos diferentes, deben corresponder Universos diferentes”, afirmaban José Luis Bardasano y Begoña Arano en un revelador artículo publicado en la revista Psi Comunicación –diciembre de 1980–, donde ya intuían el factor electromagnético como un posible patrón en los fenómenos anómalos, patrón que como hemos visto en el presente artículo, la física cuántica aborda desde su perspectiva más reciente.

Todos vamos a resucitar, según la física cuántica

La vida después de la muerte se puede conjeturar desde un punto de vista estrictamente científico, la teoría de los universos paralelos de la mecánica cuántica implica que un ser consciente puede vivir para siempre.

Venimos al mundo con una única certeza: Algún día moriremos. La buena noticia es que, -según el divulgador estadounidense Clifford A. Pickover, “podemos estar relativamente seguros de que todos nosotros vamos a resucitar”.

Pickover cree que, en el plano teórico al menos, la inmortalidad se puede conjeturar desde un punto de vista estrictamente científico, gracias a lo que se conoce como resurrección cuántica. “Muchos astrofísicos de hoy en día sugieren que nuestro universo continuará expandiéndose para siempre y las partículas estarán cada vez más dispersas”, Explica en el libro ‘A Beginner’s Guide to Immortality: Extraordinary People, Alien Brains, and Quantum Resurrection’ (Basic Books) Esto parece un triste y aburrido final, sin embargo, incluso en este universo vacío, la mecánica cuántica nos dice que los campos de energía residuales tendrán fluctuaciones aleatorias. Las partículas brotarán del vacío, como de la nada”.

Según la física Katherine Freese, directora del prestigioso Instituto Nórdico de Física Teórica (Nordita), dado un tiempo infinito de tiempo, cualquiera de nosotros puede reaparecer. “Las fluctuaciones aleatorias pueden conducir incluso a un nuevo Big Bang, pero tendríamos que esperar mucho tiempo para que eso ocurra, cerca de 10 elevado a 1056 años”, explica Pickover. Por desgracia, no sabemos de nadie que haya experimentado una de estas resucitaciones cuánticas, pero nuestro universo sólo tiene 13.700 millones de años de existencia: en un tiempo infinito, cree Freese, todos podríamos volver a la vida.

“La existencia de una especie de “inmortalidad cuántica” es una idea recurrente de la física”

La existencia de una especie de “inmortalidad cuántica” es una idea recurrente de la física desde que el científico estadounidense Hugh Everett III propusiera en 1957 la popular teoría de los universos paralelos. Y la resurrección es sólo una de sus formas. La teoría sugiere que en cualquier momento que un universo se enfrenta a una elección de caminos a un nivel cuántico sigue en realidad todas las posibilidades, dividiéndose en múltiples universos. Según esta teoría, existe un inmenso número de universos y, si es cierta, significa que hay todo tipo de extraños mundos.

En su libro Coincidencias Imposibles, Josep Guijarro expone el caso de Gabriel Magee, un ejecutivo de la conocida empresa financiera J.P. Morgan que buscaba la inmortalidad y, para ello, no tuvo mejor ocurrencia que poner punto final a su existencia saltando del techo de la sede londinense de la firma para la que trabajaba. Entre sus efectos la policía encontró un décimo de lotería. Al parecer, no era un acto ritual, sino un “suicidio cuántico”.  Como explicamos anteriormente, la teoría sugiere que cada ejecución da lugar a dos nuevos universos. Por esa razón Magee se tiró al asfalto del Canary Wharf con un número de la lotería. Estaba convencido que, si ponía fin a su vida, aunque el número premiado no fuera el que había comprado, estaría acabando con todos los universos en los que seguía siendo pobre como una rata. Y, al mismo tiempo, si es cierto que existía uno en el que siempre sobrevivimos, éste debía garantizarle la riqueza. Pobre codicioso. De nuevo el refranero es sabio. La avaricia rompe el saco.

Así es la vida después de la muerte, explicada por los científicos

Tras varios estudios, el físico Sean Carroll explica que para que haya una vida tras el fallecimiento, la consciencia debería estar completamente separada de nuestro cuerpo

Si algo distingue a los seres humanos del resto de animales es que todos sabemos que, en algún momento, va a acabar nuestra vida; al menos tal como la hemos conocido hasta ahora. Existen numerosos estudios que apoyan la teoría de que la vida después de la muerte sí existe, pero el respetado físico y cosmólogo Sean Carroll, profesor en el Instituto de Tecnología de California, afirma que es imposible la existencia de cualquier cosa después de morir.

El doctor asegura que “conocemos por completo las leyes de la física que subyacen a la vida cotidiana”, y todo tiene que ocurrir en esos márgenes. Carroll dice que para que hubiera algo después de la muerte, la consciencia tendría que estar completamente separada de nuestro cuerpo físico.

¿Dónde va la consciencia?

Los médicos declaran la muerte del paciente cuando deja de respirar, cesan los latidos de su corazón y no se detectan ondas cerebrales durante varios segundos. El sentido común nos dice que una vez que el órgano falla, la sangre ya no circula al cerebro y, por lo tanto, los monitores no pueden detectar actividad alguna.

“Si la vida continuase tras la muerte, el campo cuántico habría revelado partículas y fuerzas espirituales”

Sin embargo, la consciencia, en el nivel más básico, es una serie de átomos y electrones que nos da nuestra mente. Las leyes del universo no permiten que estas partículas funcionen después de nuestra muerte física. “Las afirmaciones de que alguna forma de consciencia persiste después de que nuestros cuerpos mueran y se descompongan en átomos constituyentes se enfrenta un gran obstáculo insuperable: las leyes de la física que subyacen a la vida cotidiana. Todo debe suceder en esos márgenes, y no hay manera, en esas leyes, de permitir que la información almacenada en el cerebro persista después de que muera”, explica Carroll.

Teoría cuántica de campos

Para su evidencia, el doctor apunta a esta disciplina de la física que aplica los principios de la mecánica cuántica a los sistemas clásicos de campos continuos, por ejemplo, el electromagnético. En resumen, es la creencia de que existe un espacio para cada tipo de partícula.

“Si la vida continuase tras morir, el campo cuántico habría revelado ‘partículas y fuerzas espirituales’. Son solo átomos y fuerzas conocidas, no hay forma de que el alma sobreviva a la muerte”, asegura a ‘Scientific American’. “Creer que hay algo después, por decirlo suavemente, requiere una física más allá del modelo estándar. Lo más importante es que necesitamos alguna forma para que esa ‘nueva física’ interactúe con los átomos que tenemos. Dentro de la teoría cuántica de campos, no puede haber una nueva colección de ‘partículas y fuerzas espirituales’ que se relacionen con átomos regulares, porque los habríamos detectado en otros experimentos”, concluye.

El cerebro estaría conectado con el cosmos a escala cuántica

Este vínculo podría explicar cómo de los procesos cerebrales físicos emerge la consciencia, según una nueva hipótesis

¿Cómo pueden los procesos cerebrales físicos dar lugar a la consciencia, que es inmaterial? En la relación entre la actividad neuronal y la escala cuántica del cosmos podría estar la respuesta, según algunos científicos. Es lo que proponen Dirk K F Meijer y Hans J.H. Geesink, de la Universidad de Groninga, en Holanda, en un artículo publicado en “NeuroQuantology”.

Era de esperar que los avances del último siglo en física cuántica y la cosmovisión derivada de ellos llevaran a una variación de la definición de “consciencia” y “mente”.

Quizá algún día estos avances ayuden a responder a la inquietante pregunta sobre cómo de los procesos cerebrales (es decir, físicos) puede emerger la consciencia, que es inmaterial.

La relación entre la actividad neuronal (la de las células del cerebro) y la escala cuántica (la de las partículas que conforman los átomos) ya fue abordada en los años 90 por los investigadores Roger Penrose y Stuart Hameroff con una sorprendente teoría que, hace poco y a raíz de nuevos hallazgos, ha sido revisada.

Se trataba de la hipótesis de la “Reducción Objetiva Orquestada u Orch OR”, que propone que la consciencia se deriva de la actividad de las neuronas a escala cuántica o subatómica, es decir, de procesos cuánticos biológicamente orquestados en los microtúbulos o minúsculas estructuras tubulares situadas dentro de las neuronas del cerebro.

Esa actividad cuántica entrañada a un nivel cerebral profundo, además de gobernar la función neuronal y sináptica, conectaría los procesos cerebrales a procesos de autoorganización presentes fuera del cerebro, en la estructura cuántica de la realidad, afirmaban Hameroff y Penrose. Es decir, que nuestro cerebro podría estar conectado a una estructura externa, que de alguna manera sería ‘protoconsciente’.

El cerebro habla con los campos

Hace unos meses, la revista NeuroQuantology publicaba un artículo sobre la consciencia desde una perspectiva cuántica, que va incluso más allá de la propuesta de Hameroff y Penrose.

Firmado por los científicos Dirk K F Meijer y Hans J.H. Geesink de la Universidad de Groninga, en Holanda, teoriza que nuestro cerebro, además de ser un órgano de procesamiento ligado a nuestro organismo, con el que intercambia información continuamente, está vinculado al resto del universo a nivel cuántico.

Según Meijer y Geesink, a dicho nivel, nuestro cerebro estaría conectado con campos cósmicos como el de la gravedad, el de la energía oscura, el de la energía punto cero o el de las energías de los campos magnéticos de la Tierra.

Esa conexión se daría a través de mecanismos bien establecidos por la teoría cuántica como el entrelazamiento cuántico (que vincula a partículas entrelazadas más allá del espacio-tiempo) o el efecto túnel cuántico (que se da cuando una partícula cuántica viola los principios de la mecánica clásica, al atravesar una barrera de potencial imposible de atravesar para una partícula clásica).

La idea nos recuerda a la propuesta en 2008 por un estudio, en el que se relacionaba la capacidad de orientación de las aves migratorias con una posible “conexión cuántica” de estas con el campo magnético terrestre; aunque en aquel caso el campo magnético no “conectaba” con el cerebro de las aves, sino con los electrones presentes en los iones más inestables de sus retinas.

El idioma es una geometría

Meijer y Geesink proponen que el cerebro pudiera “comunicarse” con esos tipos diversos de campos gracias a una geometría, la conocida como geometría de toro o toroidal, que básicamente está constituida por espirales circunscritas en una esfera (se puede entender imaginando una rosquilla).

Al parecer, el toroide es la forma que tienen los átomos, los fotones y toda unidad mínima constitutiva de la realidad. Pero no solo: Según los investigadores holandeses, nuestro cerebro se organizaría también siguiendo esta estructura (aquí hemos hablado antes de las geometrías que forma el cerebro en su actividad).

Esa coincidencia geométrica es la que permitiría al cerebro acoplarse a los campos que nos rodean, para recibir de ellos información continuamente en forma de ondas. Gracias a esto, en nuestra mente se actualizaría, de manera continua, un espacio de memoria global simétrica al tiempo.

Además, el acoplamiento y ajuste continuos del cerebro a los campos externos afirman Meijer y Geesink, permitirían guiar la estructura cortical del cerebro hacia una mayor coordinación de la reflexión y de la acción, así como hacia una sincronía en red, que es la necesaria en los estados de consciencia.

La mente como campo

Pero los investigadores holandeses van más allá de todo esto en sus postulados. También señalan que la consciencia no es exclusiva del cerebro, sino que surgiría en todo el universo a escala invariante, de nuevo a través del acoplamiento anidado toroidal de varias energías de campos.

Quizá esto pudiera relacionarse con el concepto de “protoconsciencia” de Hameroff y Penrose del que hemos hablado antes; e incluso con la idea de la matriz de información universal del paradigma holográfico propuesto por el físico David Bohm en el siglo XX.

Meijer y Geesink llegan a describir la mente como un campo situado alrededor del cerebro (lo llaman campo estructurado holográfico), que recogería información externa al cerebro y la comunicaría a este órgano, a gran velocidad (no en vano hablamos de procesos cuánticos). Los investigadores aventuran que este hecho podría explicar la rapidez con la que el cerebro registra y procesa información del entorno, a nivel consciente e inconsciente.  

Ese campo estructurado holográfico estaría, según ellos, en la cuarta dimensión o espacio-tiempo, aunque tenga efectos en nuestro cerebro tridimensional e incluso en la manera en que percibimos el mundo en tres dimensiones.

Curiosamente, una idea “parecida” proponía hace unos años el antropólogo Roger Bartran, en su obra Antropología del cerebro: la conciencia y los sistemas simbólicos, aunque en aquel caso la parte de consciencia humana “fuera del cerebro” se ubicaba en los sistemas culturales, con los que algunas regiones cerebrales están estrechamente ligadas. 

Implicaciones

Para los científicos holandeses, su hipótesis tiene profundas implicaciones filosóficas: Sugiere que existe una “profunda conexión de la humanidad con el cosmos” que nos obliga a tener “una gran responsabilidad sobre el futuro de nuestro planeta”, escriben en su artículo.

Asimismo, su teoría podría conllevar un atisbo de respuesta para la pregunta con la que iniciamos este artículo: ¿Cómo los procesos cerebrales (es decir, físicos) dan lugar a la consciencia, que es inmaterial?

Quizá sea que existe un campo mental situado en la cuarta dimensión, allí conectado a otros campos externos mientras, al mismo tiempo, forma parte física de nuestro cerebro. Pero habrá que esperar a que ese campo mental sea una certeza para poder lanzar conclusiones definitivas.

Fuente:

Categorías:Ciencia

Tagged as: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s