Acadios

LA ANTIGUA MESOPOTAMIA

Presentación

Sumerios, acadios, asirios y babilonios constituyen la base humana de lo que conocemos como Mesopotamia, un término griego de origen arameo que define al territorio comprendido entre el Tigris y el Éufrates, y que vio nacer a las primeras civilizaciones de la historia. En efecto, en lo que hoy en día es el actual Irak, hace más de cinco mil años estas cuatro grandes culturas iniciaron el largo proceso civilizador que condujo a la aparición de las primeras ciudades, reinos e imperios conocidos. En medio de un mundo hecho de barro, bajo un tórrido sol y sin apenas materias primas con las que prosperar, los habitantes de la <tierra entre ríos> lograron erigir las primeras ciudades, construir templos tan altos que, según la leyenda, rozaban las nubes, y edificar suntuosos palacios que resplandecían como vegetales en medio del desierto. Pero no es por sus edificios ni por sus más famosas construcciones, recordadas por la Biblia y por los autores clásicos, por lo que resulta tan importante conocer a estas culturas, sino debido al ingenio de sus gentes, a las que debemos el surgimiento de algunos de los mayores logros culturales de la Humanidad. La escritura –con la que dejaron testimonio de las primeras epopeyas conocidas, y de sus propios miedos, esperanzas y anhelos­­–, el cómputo y la división del tiempo o la rueda, son todos ellos aspectos fundamentales para el desarrollo humano que, lejos de desaparecer transformados en polvo como sus construcciones, aún están muy presentes en el día a día de nuestras vidas. Y es precisamente esta formidable y decisiva herencia cultural la que hace que el conocimiento de las civilizaciones mesopotámicas no se convierta en algo lejano y extraño, sino, muy al contrario, en un apasionante reencuentro con nuestro propio pasado como hombres civilizados.

Cronología de la antigua Mesopotamia.

LOS ORIGENES: SUMER, ACAD, ASIRIA Y BABILONIA

Hacia la segunda mitad del III milenio a.C., el rey acadio Sargón el Grande definió los límites de su recién creado imperio con estas palabras: <Enlil no le dio rival; le dio el Mar Superior y el Mar Inferior; desde el Mar Inferior los hijos de Acad detentaron la posición de gobernadores>. Estos y otros términos similares, que corresponde a realidades geográficas conocidas hoy día con otros nombres, son los que usaron los soberanos mesopotámicos para referirse a los territorios en los que vivieron y por los que se expandieron sus imperios y civilizaciones. Hablan de mares como el <Mar Superior> y el <Mar Inferior> (el Mediterráneo y el golfo Pérsico), de cordilleras como la <Montaña de los Cedros> (el monte Líbano), de ríos como el Purattu y el Idiqlat (el Éufrates y el Tigris), de las <Cuatro Regiones del Universo> (Mesopotamia, Anatolia, el Levante mediterráneo e Irán) o <Sumer y Acad> (Mesopotamia), y de países como el <País de las Piedras> (Omán), el <País del Cobre> (Anatolia) o el <País del Alabastro> (Egipto)… En la actualidad, la cuna de las antiguas civilizaciones del Próximo Oriente corresponde a la amplísima zona geográfica ocupada por Turquía, Siria, Palestina, Israel, Líbano, Jordania, Egipto, Irak e Irán, principalmente, si bien su influencia llego bastante más lejos, ya que sus habitantes también establecieron contactos con regiones más alejadas como el mundo del mar Egeo o los países del golfo Pérsico, e incluso con los territorios de los actuales Turkmenistán, Pakistán, Afganistán y la India.

Dentro de este extenso territorio, también conocido como Creciente Fértil por la forma de media luna que se dibuja siguiendo los cursos de los principales ríos (Jordán, Orontes, Tigris y Éufrates), se pueden distinguir cinco grandes regiones con un clima, una orografía y unos recursos característicos y diferenciados, que fueron precisamente los que a través de los siglos fueron moldeando a sus habitantes y dando a sus sociedades unos rasgos socioculturales particulares.

En primer lugar, al noroeste, se encuentra la gran península de Anatolia (prácticamente la actual Turquía), delimitada al oeste por el Mediterráneo. Su zona central está formada por elevadas mesetas, rodeadas de cadenas montañosas como el Ponto (al norte), el Tauro y el Anti tauro (al sur) y, más al sudeste, la cordillera de los montes Zagros, frontera natural con la meseta iraní. Estas características geográficas convirtieron a esta gran región en uno de los principales puntos de obtención y distribución de materias primas tales como madera, metales y piedras preciosas, algunas de ellas muy escasas o prácticamente inexistentes en Mesopotamia. También en Anatolia nacen el Tigris y el Éufrates, fuente de un recurso todavía más básico: el agua.

Los dos grandes ríos, que a lo largo de más de dos mil kilómetros descienden hasta su desembocadura en las aguas del golfo Pérsico, vertebran la segunda región, la Mesopotamia propiamente dicha, la <tierra entre ríos> (parte del actual Irak), donde nacieron las primeras civilizaciones del Próximo Oriente. Esta zona se divide en dos partes, el norte o Alta Mesopotamia (hasta Bagdad) y el sur o Baja Mesopotamia, donde el Tigris y el Éufrates finalmente se unen antes de verter sus aguas en el golfo. La ausencia casi absoluta de recursos naturales, excepción hecha de los derivados de la agricultura y la ganadería, hizo indispensable el desarrollo del comercio, y para ello los ríos funcionaron como verdaderas autopistas para la circulación tanto de bienes como de innovaciones técnicas y creaciones culturales.

Al oeste de Mesopotamia, en el curso medio del rio Éufrates, se halla la tercera gran región, la estepa de Siria, que se extiende desde el desierto de Arabia hasta la cordillera de Ansariye y los montes del Anti Líbano, englobando la mayor parte de la actual Siria, y que constituía el enlace o corredor natural entre Mesopotamia, Anatolia y la región costera del mar Mediterráneo. Este último territorio constituye precisamente la cuarta gran región, el Levante Mediterráneo, formado por la franja de costa que desde Siria se prolonga, en dirección sur, a través de los actuales territorios del Líbano e Israel, hasta llegar a la desembocadura del Nilo, en Egipto, y cuya principal actividad fue el comercio.

La última zona de las que formaron el conglomerado del Próximo Oriente es la meseta iraní, delimitada por los montes Zagros al oeste, por los Elburz al norte y por extensos desiertos al este. Era una región rica en diversas materias primas y tierra de paso obligada hacia Afganistán, Turkmenistán o Pakistán, donde procedían algunos minerales especialmente apreciados.

Tal fue, a grandes rasgos, el vasto territorio en el que germinaron las primeras grandes civilizaciones urbanas de la historia.

SUMER

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Sumeria (del acadio Šumeru; en sumerio cuneiforme ki-en-gi, aproximadamente KI ‘tierra, país’, EN ‘señor’, GI cañaveral’​) es una región histórica de Oriente Medio, parte sur de la antigua Mesopotamia, entre las planicies aluviales de los ríos Éufrates y Tigris. La civilización sumeria está considerada como la primera civilización del mundo. Aunque la procedencia de sus habitantes, los sumerios, es incierta, existen numerosas hipótesis sobre sus orígenes, siendo la más aceptada actualmente la que argumenta que no habría ocurrido ninguna ruptura cultural con el período de Uruk, lo que descartaría factores externos, como podían ser invasiones o migraciones desde otros territorios lejanos. Los sumerios fueron unos pioneros, tanto en la escritura como en las matemáticas. También construyeron magníficos edificios, incluidas esas enormes pirámides escalonadas llamadas zigurats. También produjeron una notable artesanía, esculpiendo pequeñas estatuas y taraceados con diferentes piedras preciosas. Nadie sabe cómo alcanzaron los sumerios semejante prominencia en una región tan estéril. A pesar de que cuando los dos grandes ríos de la región -el Tigris y el Éufrates- inundaban sus orillas proporcionaban un limo de gran riqueza para el cultivo, no se trataba de una zona bendecida con muchos recursos naturales. La madera era escasa y no había piedra para construir, ni metales para hacer herramientas o armas. No obstante, la ciudad Sumeria poseía un buen suministro de alimentos, sobre todo aves silvestres y peces. Además, con el paso del tiempo los sumerios aprendieron a sacar mejor partido de sus ríos. Excavaron canales, albercas y levantaron presas, de modo que fueron capaces de llevar agua a sus campos y producir varias cosechas anuales. Para llevar a cabo proyectos como éste necesitaron una buena organización y gobierno, cualidades que pudieron haber ayudado a crear las primeras ciudades.

Origen del nombre

El término “sumerio” es el nombre común dado a los antiguos habitantes de baja Mesopotamia por sus sucesores, los semitas acadios. Los sumerios se llamaban a sí mismos sag-giga, que significa literalmente “el pueblo de cabezas negras”. La palabra acadia shumer puede representar este nombre en el dialecto, pero se desconoce por qué los acadios llamaron Shumeru a las tierras del sur. Algunas palabras como la bíblica Shinar, la egipcia Sngr, o la Indoeuropea Hitita Šanhar(a) pueden haber sido variantes de Šumer. De acuerdo al historiador babilonio Beroso, los sumerios fueron “extranjeros de cabezas negras”.

Primeros pobladores

En la Baja Mesopotamia: asumiendo que existían asentamientos humanos desde el Neolítico como demuestra la cultura de Jarmo (6700 a. C.-6500 a. C.), y en el Calcolítico la cultura Hassuna-Samarra (5500 a. C.-5000 a. C.), El Obeid (5000 a. C.-4000 a. C.), Uruk (4000 a. C.-3200 a. C.) y Yemdet Nasr (3200 a. C.-3000 a. C.). No existen registros escritos de esa etapa para conocer el origen de este pueblo, y tampoco los cráneos hallados en los enterramientos aclaran el problema de su origen, debido a que están representadas tanto la dolicocefalia como la braquicefalia, con algunos testimonios del tipo armenoide. Se investigan las esculturas sumerias que muestran un alto índice de cráneos braquicéfalos en sus representaciones que quizá podían dilucidar la procedencia de este pueblo, junto con las coloraciones y las dimensiones de las esculturas, que son una mezcla entre caucásicos y miembros de raza negra. Con todo esto no es suficiente evidencia para solucionar el problema puesto que la plástica podría haberlas idealizado, como pasaba en las esculturas egipcias. Se ha descartado la posibilidad de identificación basada en la evolución de los tipos craneales en el conjunto del Oriente Medio, pues éstos aparecen bastante mezclados. Sin embargo se pueden distinguir cuatro grandes grupos con rasgos pertenecientes a distintas épocas: antes de 4000 a. C. sólo se encuentran poblaciones dolicocéfalas del tipo “mediterráneo”; los “eurafricanos”, que sólo son una variedad de este grupo, y que no tuvieron un papel apreciable hasta 3000 a. C.; el tipo “alpinos”, braquicéfalos que se manifiestan moderadamente después de 2500 a. C., y los “armenoides”, derivados tal vez de estos alpinos que aparecen en abundancia después de 500 a. C. Los pueblos descendientes de los cimerios tienden a tener en promedio las cabezas más “redondeadas” (braquicéfalas) que los demás pueblos de esa área y la palabra “sumerio” puede ser una transliteración de la palabra “cimerios” según algunos filólogos. Es por esto que varios investigadores creen que ambos pueblos son un mismo pueblo en diferentes épocas, pero no hay suficientes evidencias para sustentar esta hipótesis. Parece posible que los sumerios fuesen una tribu proveniente de fuera, posiblemente de las estepas, pero su origen concreto es desconocido. Esto es lo que se ha venido denominando desde el siglo XX como el “problema sumerio.” En cualquier caso, es durante el período del Obeid cuando se producen avances que cristalizan en el período de Uruk, y que sirven para considerar este momento como el inicio de la civilización sumeria. Algunos estudiosos también postulan que los sumerios establecidos en Mesopotamia, no tendrían un origen autóctono, sino que provendrían de la cultura que fundó la ciudad de Mohenjo-Daro (que existió entre el 2600 a. C. y el 1800 a. C.) en India.

Uruk, la primera gran urbe sumeria, cuna de la historia.

La ciudad sumeria de Uruk, situada a orillas del rio Éufrates, tiene como origen un asentamiento neolítico anterior al año 5000 a.C., aunque su etapa de mayor esplendor se produjo entre los años 3750 y 3150 a.C., un largo periodo durante el cual se convirtió en una de las ciudades más grandes y populosas de todo el mundo conocido en la época. El nucleo urbano de Uruk ocupaba una superficie de unos cuatro kilómetros cuadrados y, según la mitología sumeria, las murallas que lo protegían, con una longitud de casi diez kilómetros. Fueron construidas hacia el año 2650 a.C. por Gilgamesh, el legendario rey de la ciudad. Originariamente estuvo formada por dos nucleos o distritos: el de Anu (conocido también como Kullaba) y el de Eanna. Cada uno disponía de un templo, y estaban dedicados respectivamente a Anu, el dios del cielo y las constelaciones, y a la diosa de la fertilidad Inanna. Los primeros documentos escritos de la historia de la humanidad fueron hallados en Uruk y son de su periodo de máximo esplendor, hacia 3200 a.C. al final del periodo Uruk, la hegemonía en la baja Mesopotamia paso a manos de la ciudad portuaria de Ur, aunque la primera continuó siendo importante durante muchos siglos. Seria abandonada en época sasánida, en el siglo III, lo que significa que estuvo habitada de forma ininterrumpida durante más de cinco milenios.

Uruk, la “Erec” bíblica y la árabe “Warka”, es el escenario de descubrimientos fundamentales para la historia de la humanidad: aparece la rueda en torno al 3500 a. C., y la escritura en el 3300 a. C., siendo ésta la datación más antigua de tablillas de arcilla con escritura cuneiforme encontrada hasta la fecha. Estos registros escritos confirman que los sumerios no eran un pueblo indoeuropeo, ni camita, ni semita, ni tampoco elamo-drávida (grupo, este último, al que pertenece el pueblo elamita, por ejemplo). Así lo demuestra su lengua de tipo aglutinante. No obstante, se especula, como se ha dicho, que los sumerios no fueron el primer pueblo en asentarse en la baja Mesopotamia, en el curso bajo del Creciente fértil, sino que llegaron en un determinado momento de la Edad del Cobre o Calcolítico, allá por el año 3500 antes de nuestra era, durante el período ahora denominado Uruk.

El asentamiento en cuestión es Uruk, que en torno a 4500 a.C. cobijaba a un millar de ciudadanos. Sobre 3000 a.C. se había convertido ya en una gran ciudad de 100 hectáreas de superficie, que servía de hogar a millares de personas. El asentamiento estaba protegido por 9 km de sólidos muros de ladrillo. Los grandes templos construidos sobre el montículo dominaban la ciudad. Estaban dedicados a Ani, el dios del cielo, e Inanna, la diosa del amor y de la guerra. La principal característica de los templos eran las poderosas columnas decoradas con dibujos a base de clavos -pintados de negro, rojo y blanco- introducidos en el yeso. Los arqueólogos que excavaron en Uruk encontraron tesoros inestimables, incluida una cabeza de mujer esculpida en mármol blanco, que tal vez represente a Inanna, y un alto vaso de alabastro con escenas religiosas. En época de guerra, los hombres de Uruk y otras ciudades se unían para formar ejércitos. Elegían a jefes, llamados lugals, para dirigirlos en la batalla. Muy probablemente, estos jefes de guerra acabaron transformándose en los primeros reyes sumerios, que no tardaron en gobernar las ciudades. Al mismo tiempo, cada ciudad llegó a dominar la región que la rodeaba, formando un pequeño reino. En las ciudades, la mayoría de las viviendas estaban construidas de adobes, ladrillos de barro secados al sol. Es posible que el rey y los ciudadanos importantes, como los sacerdotes y los nobles, se alojaran en grandes viviendas; pero lo edificios más impresionantes eran los templos, que eran edificados sobre montículos de tierra que los elevaban mucho sobre el asentamiento y las tierras circundantes. Algunos de ellos eran gigantescos: la terraza del templo de Uruk ocupaba una tercera parte de la ciudad. Algunos arqueólogos creen que al principio los templos fueron almacenes donde se guardaba la cosecha. Como también contenían los objetos sagrados de la comunidad, terminaron por convertirse en el centro de las ceremonias religiosas y del comercio. Por lo tanto, los sacerdotes no tardaron en hacerse responsables del adecuado gobierno de la ciudad. Cada año, los granjeros traían sus cosechas al templo y les daban una parte a los sacerdotes como ofrenda para los dioses. Los sacerdotes también controlaban el comercio e incluso la red de canales.

Administración y política

A fines del IV milenio a. C. Sumeria se dividió en una docena de Ciudades estado independientes cuyos límites fueron definidos por medio de canales y mojones. Estas ciudades eran grandes centros mercantiles. Cada una estaba centrada en un templo dedicado al dios patrono particular de la ciudad y gobernado por un “patesi” (Ennsi), o en ocasiones por un rey (lugal). Los patesi eran sacerdotes supremos y jefes militares absolutos, auxiliados por una aristocracia constituida por burócratas y sacerdotes. El patesi controlaba la construcción de diques, canales de riego, templos y silos, imponiendo y administrando los tributos a los que toda la población estaba sujeta. Las ciudades estado sumerias tradicionalmente eran ciudades-templos, ya que los sumerios consideraban que los dioses fundaban las ciudades para que fuesen centros de culto. Más tarde, conforme a la religión, los dioses se limitaban a comunicar a los soberanos los planos de los santuarios. El vínculo de los patesis con los ritos religiosos de la ciudad era extremadamente íntimo. Los templos (entre los cuales se destacaban los piramidales ziqqurat) estaban ligados al poder estatal, y sus riquezas eran usufructuadas por los soberanos, considerados intermediarios entre los dioses y los hombres. Junto con los templos de las ciudades, homenajeando a su dios patrono, no era infrecuente que se erigiesen zigurats; pirámides de ladrillos macizos cocidos al sol que servían de santuarios y acceso a los dioses cuando éstos descendían hasta su pueblo durante las festividades. Con el desarrollo de las ciudades, las tentativas de supremacía de unas sobre otras se tornaron inevitable. Durante un milenio se sucedieron luchas por el control sobre los derechos de uso del agua, de las rutas de comercio y el cobro de tributos a tribus nómadas.

Las primeras cinco ciudades desde las que se ejerció el poder predinástico son —entre paréntesis aparece el nombre actual del paraje—: Eridu (Tell Abu Shahrain) Bad-tibira (probablemente Tell al-Madain) Larsa (Tell as-Senkereh) Sippar (Tell Abu Habbah) Shuruppak (Tell Fara)

Otras ciudades principales: Kiš (Tell Uheimir e Ingharra) Uruk (Warka) Ur (Tell al-Muqayyar) Nippur (Afak) Lagaš (Tell al-Hiba) Ngirsu (Tello o, Telloh) Umma (Tell-Yoja) Hamazi Adab (Tell-Bismaya) Mari (Tell Hariri) Akshak Akkad Isin (Ishan al-Bahriyat)

Otras ciudades menores, de sur a norte: Kuara (Tell al-Lahm) Zabala (Tell Ibzeikh) Kisurra (Tell Abu Hatab) Marad (Tell Wannat es-Sadum) Dilbat (Tell ed-Duleim) Borsippa (Birs Nimrud) Kutha (Tell Ibrahim) Der (al-Badra) Ešnunna (Tell Asmar) Nagar (Tell Brak)

Lengua y escritura

El idioma sumerio se considera una lengua aislada ya que no está emparentada con ninguna familia lingüística conocida, aunque se han hecho muchos intentos fallidos por relacionar el sumerio a otros grupos lingüísticos. El sumerio es claramente diferente del acadio, una lengua de claro origen semítico, con él coexistió en la región alternándose como lenguas dominantes. Ambas lenguas usaron la escritura cuneiforme, originalmente desarrollada por los sumerios y cuyo uso sobrepasó al de la propia lengua sumeria por más de un milenio. El sumerio era un idioma aglutinante, es decir, los monemas (unidades de significado) se pegaban unos con otros para crear palabras enteras, en contraste con las lenguas flexivas como el acadio o las lenguas indoeuropeas. Por tanto tipológicamente el sumerio difiere notablemente de otras lenguas de la región ya que el sumerio prefiere utilizar afijos para expresar lo mismo. En cambio otras lenguas cercanas como el elamita, las lenguas hurrito-urartianas y algunas lenguas caucásicas muestran tipologías lingüísticas más similares al sumerio, aunque no parecen directamente relacionadas con él. Los sumerios inventaron jeroglíficos pictóricos que más tarde dieron lugar a la escritura cuneiforme propiamente dicha, y su lengua junto con el del Antiguo Egipto compiten por el crédito de ser la lengua más tempranamente documentada. Ha sobrevivido un gran corpus formado por cientos de miles de textos en sumerio, la gran mayoría de estos textos en tablillas de arcilla. Los textos sumerios conocidos incluyen textos personales y cartas de negocios y transacciones, recibos, listas de léxico, leyes, himnos y plegarias, encantamientos mágicos e incluso textos científicos de matemáticas, astronomía y medicina. Las inscripciones monumentales y los textos escritos en diferentes objetos como estatuas o ladrillos también eran bastante comunes. Muchos textos sobrevivieron en múltiples copias, ya que fueron transcritos varias veces por escribas en formación. El sumerio siguió siendo la lengua litúrgica usada en oficios religiosos y la lengua de los textos legales en Mesopotamia mucho después de que los semitas se convirtieran en el grupo hegemónico en la región. La comprensión de los textos en sumerio puede ser complicada hoy en día, incluso para los expertos, principalmente por el uso de caracteres jeroglíficos de difícil interpretación. Los más difíciles son los textos más antiguos, que en muchos casos no dan toda la estructura gramatical de la lengua que siempre cambiaba.

Los primeros escritos

Según fueron creciendo en tamaño las ciudades sumerias, su organización se hizo más compleja. Surgió la necesidad de llevar registros cuidadosos, lo que a su vez creó la necesidad de la escritura. Las primeras muestras escritas del mundo se han encontrado en tablillas de arcilla en Uruk. Están fechadas en 3300 a.C. y consisten en listados y cuentas. Al principio, la escritura se realizaba mediante pequeños dibujos; por ejemplo, la imagen simplificada de la cabeza de un buey significaba «buey». Con el tiempo estos dibujos evolucionaron y se volvieron más abstractos. Se realizaban presionando un estilo con forma de cuña, o «cuneiforme», sobre tablillas de arcilla húmeda, que luego se dejaba endurecer. También se utilizaban pequeños cilindro-sellos inscriptos. Se hacían rodar sobre la arcilla húmeda para producir imágenes y texto, utilizados a menudo para sellar documentos oficiales. El sistema de las palabras-signo se fue transformando lentamente para poder expresar también ideas más complejas. La imagen de una estrella, por ejemplo, originalmente sólo significaba «estrella»; pero después pasó a poder significar «rey» y, más tarde aún, también «alto». El sumerio fue la primera lengua en ser escrita con signos cuneiformes. No obstante, tras la conquista de Sargón, el cuneiforme se utilizó para escribir la lengua acadia. Según iban aumentando las habilidades sumerias, se hizo importante enseñar a los jóvenes esas mismas habilidades. Al principio, los responsables de la educación de los jóvenes eran los sacerdotes del templo. No obstante, con el paso de los años las escuelas terminaron por escapar de su influencia directa. Pruebas halladas en un colegio de Ur, fechadas sobre 1800 a.C., demuestran que los alumnos aprendían a leer, a escribir y aritmética. Entre las tabillas de arcilla allí descubiertas, había algunas que contenían tablas de multiplicar. No obstante, la educación era estrictamente práctica y su intención era producir los escribas, mercaderes u hombres de negocios del futuro.

Religión y creencias

Tratar un asunto tal como la religión sumeria puede ser complicado, dado que las prácticas y creencias adoptadas por aquellos pueblos variaron mucho a través del tiempo y lugar, cada ciudad poseía su propia visión mitológica y/o teológica. Los sumerios fueron posiblemente los primeros en escribir sobre sus creencias, que luego fueron la inspiración para gran parte de la mitología, religión y astrología mesopotámicas, aunque ello no implica que su religión fuera la primera y que no hubieran tomado costumbres y ritos de otros pueblos. Los sumerios veían los movimientos a su alrededor como la magia de los espíritus, magia que era la única explicación que tenían de cómo funcionaban las cosas. Esos espíritus eran sus dioses.[cita requerida] Y con muchos espíritus alrededor, creían en varios dioses, que tenían emociones humanas. Creían que el sol, la luna y las estrellas eran dioses, al igual que los juncos que crecían a su alrededor y la cerveza que destilaban. Creían que los dioses controlaban el pasado y el futuro, que les revelaban las habilidades que poseían, incluyendo la escritura, y que los dioses les proporcionaban todo lo que necesitaban saber. No tenían la visión de que su civilización se hubiera desarrollado por sus propios esfuerzos. Y tampoco tenían visión de progreso tecnológico o social. Cada uno de los dioses sumerios (en su propia lengua, dingir y en plural, dingir-dingir o dingira-ne-ne) era asociado a ciudades diferentes, y la importancia religiosa a ellos atribuida se intensificaba o declinaba dependiendo del poder político de la ciudad asociada. Según la tradición sumeria, los dioses crearon el ser humano a partir del barro con el propósito de que fueran servidos por sus nuevas criaturas. Cuando estaban enojados o frustrados, los dioses expresaban sus sentimientos a través de terremotos o catástrofes naturales: la esencia primordial de la religión sumeria se basaba, por lo tanto, en la creencia de que toda la humanidad estaba a merced de los dioses. Nótese la similitud de la creación del hombre a partir del barro con el relato del Génesis.

Entre las principales figuras mitológicas adoradas por los sumerios, es posible citar: An, dios del cielo; Nammu, la diosa-madre; Inanna, la diosa del amor y de la guerra (equivalente a la diosa Ištar de los acadios); Enki en el templo de Eridu, dios protector de los hombres, controlador del agua dulce de las profundidades debajo de la tierra; Utu en Sippar, el dios sol; Nannar, el dios luna en Ur; Enlil, el dios del viento.

Los sumerios probablemente hayan cavado en la tierra unos metros y encontrado agua [cita requerida]. Los sumerios creían que la tierra era un gran disco flotando en el mar. Llamaron a ese mar Nammu y pensaban que había estado desde siempre en el tiempo. Creían que del Nammu habían surgido los peces, los pájaros, cerdos salvajes y otras criaturas que moraban en las tierras pantanosas y húmedas. Según ellos, Nammu había creado el cielo y la tierra. El cielo se había separado de la tierra, dando nacimiento al dios masculino An y la tierra, una diosa llamada Ki. Creían que Ki y An habían procreado un hijo llamado Enlil, que era la personificación de la atmósfera, el viento y la tormenta. Creían que él separó el día de la noche y que había abierto una concha invisible dejando caer agua desde el cielo. Creían que junto con su madre y Ki, Enlil sentó las bases de la creación de las plantas, los humanos y otras criaturas, que hacía germinar las semillas y que había dado forma a la humanidad a partir de la arcilla, impregnándola. El universo consistía en un disco plano cerrado por una cúpula de latón. La vida después de la muerte implicaba un descenso al vil submundo, donde se pasaba la eternidad en una existencia deplorable, en una especie de infierno. Creían que los cultivos crecían porque un dios masculino se estaba apareando con su esposa diosa. Ellos veían los meses húmedos y calurosos del verano, cuando los campos y praderas se teñían de marrón, como el momento de la muerte de los dioses. Cuando los campos florecían de nuevo en primavera, creían que sus dioses resucitaban. Marcaron a este, como el comienzo del año, que era celebrado en sus templos con música y cantos. No creían en el cambio social, aunque los sacerdotes sumerios alteraban las historias que contaban, creando nuevos giros en los cuentos antiguos; sin reconocer esto como un cambio inducido por los humanos o preguntándose por qué habían fallado en hacerlo bien la primera vez. Las nuevas ideas eran simplemente revelaciones de sus dioses. Había diferentes tipos de sacerdotes. Algunos de los más comunes eran: āšipu, exorcista y médico. bārû, astrólogo y adivino. qadištu, sacerdotisa. Los templos sumerios consistían en una nave central con corredores en ambos lados, flanqueados por aposentos para los sacerdotes. En una de las puntas del corredor se encontraba un púlpito y una plataforma construida con ladrillos de barro, usada para sacrificios animales y ofrendas vegetales. Los graneros y depósitos generalmente se localizaban en la proximidad de los templos. Más tarde, los sumerios comenzaron a construir sus templos en la cima de las colinas artificiales, terraplenadas y multifacéticas: esos templos especiales se llamaban zigurats. Los sumerios fueron precursores de muchos conceptos religiosos, sagas cosmogónicas y relatos que luego aparecieron recogidas por otros pueblos mesopotámicos y regiones vecinas [cita requerida]. Entre ellas podemos citar: la creación del mundo, la separación de las aguas primordiales, la formación del hombre con arcilla o las ideas del paraíso y el Diluvio Universal (que aparece en la Epopeya de Gilgameš). Escritos de V. Scheil y S. N. Kramer, consideran la creación de Eva a partir de la costilla de Adán como un mito sumerio, ya que en sumerio, las palabras “hacer vivir” y “costilla” se escribían igual: ti. También la idea de la resurrección de los muertos, atribuida a innumerables religiones, aparece en sumeria por primera vez.

Agricultura y ganadería

Los sumerios mantenían una producción de cebada, garbanzos, lentejas, mijo, trigo, nabo, dátiles, cebolla, ajo, lechuga, puerro y mostaza. También criaban vacas, ovejas, cabras y cerdos. Además, usaban bueyes como opción principal en el trabajo de carga y burros como animal de transporte. Los sumerios pescaban peces en los ríos Tigris y Éufrates y en los canales, y cazaban aves en sus orillas y desembocaduras pantanosas. La agricultura sumeria dependía mucho del riego, efectuándose a través del uso de canales, estanques, diques y depósitos de agua. Las frecuentes y violentas inundaciones del Tigris, y en menor medida, del Éufrates, hacían que los canales necesitaran de reparación frecuente y de la continua extracción del limo, y el reemplazo continuo de los marcadores de inspección y mojones. El gobierno ordenaba a esclavos, condenados a trabajos forzados y determinados ciudadanos la tarea de trabajar en los canales, aunque los ricos podían excluirse de esta tarea. Después de la temporada de inundaciones y luego de la temporada del equinoccio de Primavera y el Akitu o Festival de Año Nuevo, los canales eran abiertos, los campesinos irrigaban sus campos y drenaban el agua sobrante. Posteriormente dejaban que los novillos pisotearan la tierra y matasen las malas hierbas. El paso siguiente era dragar los campos con picos. Después que se secara, araban, gradaban y rastrillaban el campo tres veces, revolviendo la tierra después con una azada antes de la siembra. Lamentablemente, la alta tasa de evaporación dio lugar a un aumento gradual de la salinidad de los campos. Por el período de Ur III, los agricultores pasaron del trigo a la cebada como principal cultivo, ya que ésta es más tolerante a la sal. Los sumerios realizaban la cosecha durante la fase seca del otoño en equipos de tres personas que consistían en dos segadores y un enfardador. Los campesinos utilizaban un tipo de cosechadora arcaica para separar la cabeza de los cereales de sus respectivos tallos: una especie de carro de clasificación, que separaba los granos de los cereales. Después cribaban la mezcla de granos y barcia.

Características militares

Las casi constantes guerras, durante 2000 años, entre las ciudades estado sumerias ayudaron a desarrollar la técnica y tecnología militar a un alto nivel. La primera guerra que se registra fue entre Lagaš y Umma en el año 2525 a. C. en una estela llamada la Estela de los Buitres. Este registro también muestra al rey de Lagaš liderando un ejército sumerio compuesto en su mayoría de infantería. Los soldados de infantería llevaban lanzas, cascos de cobre y escudos de cuero o mimbre. Los lanceros se muestran dispuestos en lo que parece ser una formación de falange, que requiere entrenamiento y disciplina. Esto implica que los sumerios hayan hecho uso de soldados profesionales. La influencia clave en el ejército sumerio fue su paupérrima posición estratégica. Los obstáculos naturales para la defensa existían solamente en las fronteras del oeste (desierto) y del sur (golfo Pérsico). Cuando los enemigos más populosos y poderosos aparecían por el norte o el este, los sumerios se volvían susceptibles a los ataques. Los sumerios participaban en guerras con sitio entre sus ciudades, defendidas por murallas de ladrillos de barro que, obviamente, no podían detener los enemigos que ya conocían ese material. Los sumerios inventaron el carro de guerra, al cual ataban onagros (burros salvajes). Esos carros antiguos no funcionaban tan bien en combate como los modelos construidos posteriormente. Algunos sugieren que los carros militares servían primariamente como medio de transporte, aunque en tiempo de guerra transportaban hachas de guerra y lanzas. El carro o más bien carreta sumerio constaba de una caja con cuatro ruedas macizas manejado por un equipo de dos personas y atado a cuatro onagros. El carro estaba compuesto por cestas entretejidas, y las ruedas poseían un diseño sólido de tres piezas. Los sumerios usaban fundas y arcos simples, más tarde se inventaría el arco compuesto.

Arquitectura

La planicie del Tigris-Éufrates carecía de piedra y árboles. Las edificaciones sumerias comprendían estructuras planoconvexas hechas de ladrillos de barro, material por contra muy abundante, desprovistas de argamasa o cemento. Debido a que los ladrillos planoconvexos eran de composición relativamente inestable, los albañiles sumerios añadían una mano extra de ladrillos, puestos perpendicularmente cada pocas hiladas. Entonces ahí, rellenaban los huecos con betún. Las construcciones hechas con ladrillos de barro se acababan deteriorando, de forma que eran periódicamente destruidas, niveladas y reconstruidas en el mismo lugar. Esa constante reconstrucción elevó gradualmente el nivel de las ciudades, de modo que con los siglos se erigieron por arriba de la planicie a su alrededor. Las construcciones resultantes se conocían con el nombre de tell y se encontraban en todo el antiguo Oriente Próximo y Medio. El tipo más famoso e impresionante de entre las edificaciones sumerias, eran los Zigurats o torres escalonadas, una construcción de largas y amplias plataformas sobrepuestas en cuya cima había templos. Algunos académicos han teorizado que estas estructuras podrían haber sido la base de la torre de Babel bíblica [cita requerida], que se describe en el Génesis. Los sellos cilíndricos sumerios también describen casas construidas con cañas, similares a aquellas construidas por los árabes de las tierras bajas de la parte sur de Irak, hasta una fecha tan reciente como el 400 a. C. Por otro lado, los templos sumerios y palacios hicieron uso de materiales y técnicas más avanzadas como refuerzos (soportes para los ladrillos), recesos (esquinas), pilastras y clavos de arcilla recubiertos con ladrillos cocidos al horno, más resistentes que los crudos secados al sol.

El renacimiento sumerio

Según una tablilla conmemorativa fue Utu-hengal, rey de Uruk, quien en torno a 2100 a. C. derrotó y expulsó a los gobernantes gutis de las tierras sumerias. Su éxito no le sería de mucho provecho ya que poco después el rey de Ur, Ur-Nammu, consiguió la hegemonía en toda la región con la llamada III dinastía de Ur o Renacimiento sumerio. El imperio surgido a raíz de esta hegemonía sería tan extenso o más que el de Sargón, del que tomaría la idea de imperio unificador. Esta influencia se aprecia incluso en la denominación de los monarcas, que a imitación de los acadios se harán llamar “reyes de Sumer y Acad” A Ur-Nammu le sucederá su hijo, Shulgi, quien combatió contra Elam y las tribus nómadas de los Zagros. A este le sucedió su hijo Amar-Suen (Amar-Sin) y a este primero un hermano suyo, Shu-Sin y después otro Ibbi-Sin. En el reinado de este último los ataques de los amorreos, provenientes de Arabia, se hicieron especialmente fuertes y en 2003 a. C. caería el último imperio predominantemente sumerio. En adelante será la cultura acadia la que predomine y, posteriormente, Babilonia heredará el papel de los grandes imperios sumerios.

ACAD

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El Imperio acadio fue un gran reino de Mesopotamia formado a partir de las conquistas de Sargón I de Acad. Mantuvo su máximo esplendor en el siglo XXII A. C. (2334 a 2192 A. C.) en los que se sucedieron cinco monarcas: el propio Sargón, sus hijos Rimush y Manishutusu, su nieto Naram-Sin y el hijo de este, Sharkalisharri que gobernaron durante 141 años. Los dominios del Imperio acadio se extendieron a toda la cuenca del Tigris y Éufrates, Elam, Siria y ―según las inscripciones― aún más allá, hasta el Líbano y la costa mediterránea. Según dichas inscripciones se llegarían a realizar incursiones hasta Anatolia y el interior de los montes Zagros y el imperio controlaría el comercio del golfo Pérsico hacia «Magan» (posiblemente Omán) y la región del valle del Indo. Las ciudades de Mesopotamia se llenaron de monumentos y estelas conmemorativas que hablaban de la grandeza del nuevo imperio y en la escritura se produjo un importante avance del idioma acadio, que se convirtió en la lengua administrativa del Estado. El Imperio Acadio creo el primer reino unificado mesopotámico del que se tiene noticia, hace más de 4.000 años. Antes de la aparición de los acadios, Mesopotamia estaba formada por muchas ciudades-estado, cada una de las cuales tenía su propio rey, territorio y ciudades. En el sur de Mesopotamia vivían los sumerios, mientras que el norte lo ocupaban gente de habla semita. Se trataba de una lengua bastante distinta de la hablada por los sumerios, pero aparte de esta característica los habitantes del norte eran parecidos a sus vecinos sumerios. En torno a 2334 a.C., un funcionario de lengua semita de la Corte del rey de Kish, una de las ciudades-estado mesopotámicas, derrocó a su soberano y asumió el poder real. Se llamó a sí mismo Sargón (cuyo significado es rey verdadero) y desde Kish se dirigió contra el más poderoso monarca de la región, Lugalzagesi, señor y rey de Uruk. Sargón consiguió derrotarlo y luego atacó y venció a tres ciudades más en el sur de Mesopotamia: Ur, Lagash y Umma, derribando sus murallas. Después siguió avanzando con su ejército hasta llegar a las orillas del golfo Pérsico y, para demostrar que su autoridad desde Kish hasta el golfo, lavó las armas de su ejército en las saladas aguas.

Las conquistas de Sargón

En algún momento a mediados del siglo XXIV a. C. (2340 a. C.) Sargón se lanzó a la conquista de las ciudades sumerias del sur. Las conquistas anteriores de Lugalzagesi de Umma pudieron facilitar el camino del conquistador acadio, al encontrarse ya vencida la independencia de las distintas ciudades sumerias. El primero de los objetivos de Sargón fue Uruk, ciudad célebre por sus grandes murallas y donde en el momento del ataque se encontraba Lugalzagesi. Sargón no solo conquistó la ciudad, sino que hizo prisionero al rey, obligándole a caminar hasta el templo de Enlil en Nippur con una argolla al cuello. Tras esto se lanzó a la conquista del resto de ciudades sumerias. Tomó Ur, Lagash y Umma, con lo que ya controlaba tantas tierras como había hecho Lugalzagesi. Con el dominio de toda la Baja Mesopotamia asegurado, continuó sus campañas atacando a los elamitas de los montes Zagros, en el actual Irán, y realizó incursiones en la ciudad de Mari (en la actual Siria) y Ebla, ya a pocos kilómetros del Mediterráneo, llegando, según las inscripciones, a las montañas de los cedros: esto es, al actual Líbano, y tal vez hasta Anatolia. Sargón se convirtió así en el primer monarca histórico que consiguió unificar toda la cuenca de la Mesopotamia bajo un mismo mandato. Pese a que es probable que esta unidad fuese más teórica que real, la figura de Sargón fue un referente constante para los monarcas que, posteriormente, tratarían de repetir su hazaña. De hecho, en épocas posteriores se le conoció como Sargón el Grande. Pero su reinado y el de sus sucesores no estuvieron exentos de problemas ya que poco antes de su muerte sufriría una revuelta general en las ciudades conquistadas. Pese a estas dificultades, durante el reinado de su nieto y sucesor, Naram-Sin (2260-2223 a. C.), ​el imperio alcanzó su máxima extensión territorial: en los límites occidentales incorporó las regiones de Alepo (en la actual Siria), y el entorno de Trípoli (en la costa mediterránea cananea del actual Líbano); en los orientales conquistó Susa y en el norte se expandió por Anatolia. Sin embargo hubo un pueblo al que Naram-Sin no consiguió conquistar pese a que guerreó contra ellos y les infligió algunas derrotas. Eran los guti, que habitaban los montes Zagros y que atacaban y saqueaban continuamente las tierras del valle. ​El nuevo rey tuvo que enfrentarse además a numerosas rebeliones. En algún momento de su reinado parece que Naram-Sin fue deificado. El motivo, según una inscripción en una estatua, fue por petición de su pueblo a los dioses, después de que el rey ganase nueve batallas contra las que se le rebelaron «desde los cuatro confines del mundo». Los dioses concedieron y se le construyó un templo en Agadé, que hasta entonces no estaba dedicado a ningún dios. Tras la muerte de Naram-Sin, su sucesor e hijo, Šarkališarri (2223-2198) vio incrementada la presión sobre el imperio: Elam se rebeló, conquistando varias ciudades del sur de Mesopotamia. Posteriormente sufriría invasiones por parte de los amorreos, a quienes lograría vencer, y de los guti a los que inicialmente también reduciría. Sin embargo el imperio estaba muy desgastado y tras su muerte las ciudades del sur de Mesopotamia se independizaron. Tras esto, los dominios del antiguo imperio quedaron reducidos al área circundante de la antigua capital, Agadé.

El poder del imperio acadio

Los acadios gobernaron su imperio con la ayuda de un poderoso y despiadado ejército (el rey Sargón tuvo 5.400 soldados). Los acadios derribaban las murallas de las ciudades que se rebelaban y masacraban a todos sus ciudadanos. Muchos monumentos de piedra muestran a soldados acadios cargando el botín y llevándose a los prisioneros para ser asesinados. El poder de Sargón se basó en un cambio radical del sistema de gobierno que los sumerios habían utilizado tradicionalmente. Los sumerios habían gobernado sus ciudades nombrando gobernadores de entre las principales familias originarias de esas mismas ciudades. Sargón, en cambio, prefirió nombrar gobernadores acadios, que eran enviados a las ciudades con órdenes reales. Al transformar las ciudades-estado sumerias en una potencia militar, Sargón difundió la cultura sumeria por todo el Oriente Medio. El cuneiforme fue adoptado ampliamente como sistema de escritura y el acadio se convirtió en la lengua semioficial de Mesopotamia y Oriente Medio.

Influencia

La dinastía de Sargón de Acad fue la primera a lo largo de la historia que consiguió el dominio sobre pueblos diversos culturalmente, con lo que se puede decir que constituyó el primer imperio de la historia. Sus conquistas dejaron una impronta imborrable sobre las generaciones posteriores, cuyas tradiciones le considerarían el mejor monarca de la historia, el arquetipo de rey longevo y de gobierno eficaz. Se elaboraron leyendas que le otorgaban un linaje divino y las historias de sus conquistas circularon mucho más allá de las fronteras de sus dominios. Entre las leyendas de su nacimiento destaca la que se deja entrever en la lista Real Sumeria. Según esta leyenda, Sargón había sido hijo de un jardinero del palacio del rey de Kish que ascendió al cargo de copero. En un momento dado los dioses deciden que el reinado de Ur-Zababa, el hasta entonces rey, debe finalizar, recayendo la realeza en Sargón. Otra leyenda narraba que Sargón había sido hijo de una sacerdotisa «en» ―puesto que solían ocupar mujeres de la realeza― y un extranjero de las montañas. Su madre habría dado a luz en secreto y dejado al recién nacido en un cesto de mimbre flotando en el río. La corriente habría arrastrado a Sargón hasta ser recogido por un aguador de nombre Aqqi, que le enseñó el oficio de jardinero. Su ascenso al puesto de rey se habría debido a que la diosa Ishtar le habría tomado cariño mientras ejercía de jardinero. Sobre su sucesor más célebre, Naram-Sin el mensaje de las leyendas era bastante bien diferente. Así, una leyenda sumeria narraba que la caída del Imperio acadio se había debido a la pérdida de favor del dios Enlil. Naram-Sin, conocedor de esto a través de un sueño, espera durante siete años (siete años representan simplemente una cifra muy grande) a que los dioses cambien de parecer. Pasado ese tiempo el rey desespera y dirige a su ejército al templo de Enlil y lo destruye, arrojando al fuego las vasijas sagradas. Como represalia, el dios castiga a la ciudad con la llegada de los bárbaros gutis de hábitos nómadas, que arrasan la ciudad y hacen retroceder a la región a los tiempos de antes de que las ciudades fuesen construidas.

Cultura

Sargón dio numerosos puestos administrativos a ciudadanos de su región original, cuya lengua era el acadio, el cual posiblemente vivió en esta etapa una gran difusión. La escritura de esta lengua siguió un modelo desarrollado en el área de Ebla, en la actual Siria, que adaptaba la escritura cuneiforme a la lengua semita. Este modelo de escritura fue el más utilizado en la administración del Imperio acadio, si bien se mantienen numerosos documentos e inscripciones bilingües, escritas tanto en acadio como en sumerio.1​Así, aunque la lengua sumeria siguió siendo utilizada es probable que las conquistas de Sargón y su prestigio, diesen un impulso fundamental a la lengua acadia, facilitando que en los siglos posteriores se impusiera finalmente el acadio.

Un nueva capital

Sargón construyó su propia capital en del Imperio Acadio, junto al río Eufrates, cerca de la actual Bagdad. Su reino, Acad, y sus gentes, los acadios, recibieron su nombre a partir del de la ciudad. Gente de todo el imperio acadio iba a Acad para vender con sus bienes, como cabras, ganado y asnos. La ciudad era un gran puerto en el que atracaban barcos llegados de lugares tan lejanos como la India y Egipto. Sargón siguió dirigiendo más campañas victoriosas, contra Elain, en las montañas al este de Mesopotamia, y por el oeste, hacia las montañas del Líbano. Por el oeste, los acadios consiguieron acceso a importantes recursos, como la plata y la madera de cedro. Por el este, los acadios hicieron que los elamitas trasladaran su capital, desde Elam hasta Susa, y los obligaron a hablar acadio. Sargón el Grande, como ahora se llamaba a sí mismo, gobernó su imperio hasta 2279 a.C. No obstante, su autoridad se debilitó mucho en los últimos años, cuando tuvo que enfrentarse a las revueltas de algunos de sus súbditos sumerios. Pese a todo, consiguió aplastarlos y traspasar su poderoso imperio a su hijo, Rimush. Rimush gobernó entre 2278 y 2270 a.C. Tuvo un reinado turbulento, pero al igual que su padre consiguió acabar con las ciudades rebeldes. Al final, sin embargo, fue asesinado por sus cortesanos, quienes (según la leyenda) lo apuñalaron con sus propios cilindro-sellos. Fue sucedido por su hermano Manishtusu, quien gobernó entre 2269 y 2255 a.C. Manishtusu se encontró con que, a pesar de la derrota de Elarn, la parte occidental del imperio había conseguido recobrar su independencia. Esto suponía una amenaza para las rutas que a los mercaderes acadios les era imprescindible utilizar para ir a buscar metales con los que fabricar el bronce. De modo que, el rey tuvo que encabezar una expedición hacia el extremo oriental del golfo Pérsico, donde encontró una fuente alternativa de esos metales que necesitaba. El heredero de Manishtusu fue Naram-Sim (2254-2218 a.C.), quien se pasó la mayor parte de su reinado en guerra. En el oeste, puso de nuevo a la Siria septentrional bajo gobierno acadio. En el norte, conquistó a los asirios y derrotó a los hurritas. En el este, acabó con una revuelta entre los súbditos acadios del golfo Pérsico. También derrotó a su enemigo más poderoso, los lullubi, que vivían en las estribaciones de las cercanas montañas del Zagros. El Imperio acadio no sobrevivió mucho tiempo tras la muerte de Naram-Sin. Seguidamente, su sucesor, Shar-kali-Sharri (2217-2193 a.C.), fue asesinado por sus propios súbditos y, tras su muerte, se desencadenaron grandes luchas entre los candidatos a sucederle, unida a la invasión del país por parte de las tribus de las montañas del Zagros, terminaron con el Imperio acadio para siempre.

Arquitectura

Los posibles restos de las ciudades de Akkad y de Sippar siguen sepultados en lugares ignotos. Este desconocimiento completo de los que en su día fueron centros principales del imperio acadio nos priva de posibilidad de contemplar y enjuiciar aquellos monumentos que mejor pudieran reflejar su estilo y concepciones arquitectónicas. En tanto que no se produzcan descubrimientos en este sector, hemos de contentarnos con obras de restauración llevadas a cabo por los acadios en edificios antiguos, como es el caso del Palacio y el Templo de Tell Asmar, y con un par de ejemplos de edificios de nueva planta, magníficos ciertamente los dos en capitales provinciales del Imperio: Tell Brak, en Siria, y Asur, en el corazón del futuro territorio de los asirios. El gran edificio excavado en Tell Brak, construido y utilizado para depósito de mercancías en el centro de la cuenca del Kabur, se fecha en la época de Akkad porque sus adobes ostentan el nombre de Naram-sin. Basta mirar un momento su plano, para comprender que no es una realización gradual, con un núcleo al que se van añadiendo postizos para satisfacer nuevas necesidades, sino una creación única, racional, calculada de antemano hasta sus mínimos detalles. Como observa Moortgat, los acadios tendieron a moldear la realidad en hormas preconcebidas, según pone bien de manifiesto su esquema de las “Cuatro Partes del Mundo”; las ideas deben imponer sus perfiles a las cosas, el espíritu a la materia. El palacio de Tell Brak es un elocuente testigo de su mentalidad. Aquella impresionante mole, de 111 por 93 metros, debía parecer a los pueblos de la llanura de siria un símbolo pavoroso de la autoridad acadia. Sus muros exteriores, de diez metros de espesor, lo ceñían de un cinturón infranqueable. El plano dice lo que era: un depósito de mercancías y tributos, organizado alrededor de cuatro patios, uno de ellos mucho mayor que los otros tres. Su única puerta, de once metros de ancho, daba a un espacioso zaguán, flanqueado por los lugares de administración; del zaguán se pasaba a un patio de cuarenta metros de lado. Hay que imaginar allí a las caravanas descargando sus fardos, pasada la inspección de los escribas estacionados en el portal. Después de descargadas en el patio, las mercancías eran depositadas en los almacenes, ordenados como un casillero de huecos, todos en la misma altura, aislados o por parejas en torno a cuatro patios. Los almacenes recibían de estos la luz y la ventilación. El edificio no parece haber tenido más planta que la excavada y quizás unas torres de defensa a los lados de su única puerta, algo más altas que los restantes muros, para servir de atalayas. En el Templo de Abu, en Tell Asmar, los acadios introdujeron un cambio significativo: dividieron la cella en dos mitades por medio de un grueso muro transversal, con abertura en el centro, de manera que una vez pasado la puerta exterior del santuario, el visitante se encontraba en una antecella. Para ver la estatua y los altares del dios, el visitante debía dar unos pasos y colocarse en el eje central del edificio. El nuevo sistema rompe con la tradición del acercamiento por el eje acodado, y más aún indica la disposición típica de los templos neosumerios, en los que la cella propiamente dicha será una estancia más ancha que larga. Un solo ejemplo no basta para determinar si el nuevo sistema fue general entonces, pero en todo caso la reforma introducida en el Templo de Tell Asmar tiene el valor posible de antecedente de una solución llamada a imponerse más tarde. Durante el Imperio acadio se siguió la costumbre sumeria de levantar grandes estelas y monumentos conmemorativos escritos en lugares especiales de las ciudades. Con estas obras se demostraba el poder del imperio y se publicitaban sus éxitos militares. En el arte acadio, la figura central de la obra se representa en mayores proporciones que el resto de la composición, que generalmente contiene escenas dramáticas. Un buen ejemplo es la estela de Naram-Sin, donde el monarca, coronado por un casco de cuernos que indica su carácter divino, tiene el doble de tamaño que las demás figuras.

ASIRIA

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Asiria es una antigua región del norte de Mesopotamia, que toma su nombre de la ciudad de Aššur —del mismo nombre que Assur, su deidad tutelar—, que data de 2600 a. C. Fundada a orillas del río Tigris, originalmente era una serie de ciudades de habla acadia en la región. En los siglos XXV y XXIV a. C., los reyes asirios fueron líderes pastorales. Desde finales del siglo XXIV a. C., los asirios se convirtieron en súbditos de Sargón de Acad, que unió a todos los pueblos acadios y sumerios de Mesopotamia bajo el Imperio acadio, que duró desde ca. 2334 hasta 2154 a. C.1​ A partir de esa región se formó, en el II milenio a. C., un poderoso reino que luego se convirtió en un imperio, que por antonomasia se asocia con Asiria. También fue conocido como Subartu y, tras su declive, como Athura, Syria (en griego antiguo), Assyria (en latín) y Asuristán. En el momento de máxima expansión, en los siglos VIII y VII  a. C., Asiria controlaba un territorio que hoy son, en todo o en parte, los países de Siria, Líbano, Turquía, Irak e Irán. La asiriología —disciplina que estudia la Asiria antigua y más ampliamente la Mesopotamia antigua—, distingue tres fases en la historia asiria, sabiendo que antes de alrededor del 700 a. C. las fechas son aproximadas: el período paleoasirio, desde el siglo XX a principios del siglo XIV a. C.; el período medioasirio, hasta 911 a. C.; y el período neoasirio, hasta 612-609 a. C., fecha del final del reino asirio. Esquemáticamente, durante el primer período, Asiria se resume a la ciudad-estado de Aššur, conocida principalmente por el dinamismo de sus mercaderes. El segundo período vio el nacimiento del reino asirio como tal, un poderoso estado territorial, que, sin embargo, se debilitó significativamente en el cambio del II al I milenio a. C.. El tercer período vio a Asiria convertirse gradualmente en un imperio, gracias en particular a su formidable ejército. Fue este período por el que Asiria es más conocida, gracias a los descubrimientos del siglo XIX en las capitales sucesivas, Aššur, Kalkhu (Nimrud), Dur-Sharrukin (Jorsabad) y Nínive (destruida en 612 a. C.; sobre gran parte de sus ruinas se asienta Mosul). Fue también el poderío de este Imperio y de sus soberanos lo que permitió que la memoria de Asiría continuara a través de la tradición de la Biblia hebrea y de los autores griegos clásicos. La gran cantidad de documentación epigráfica y arqueológica recogida del período asirio durante casi dos siglos permite conocer muchos aspectos de este reino, que fue un componente esencial de la civilización mesopotámica antigua, al igual que el que se convirtió en su rival al sur, el reino de Babilonia. Esta fue la última fase del reino que, sin embargo, es con mucho la más conocida. Se puede dibujar una imagen importante de varios aspectos de la administración del reino, de las actividades económicas, de los componentes de la sociedad, de la cultura asiria, incluida la religión y el arte. Muchas áreas grises permanecen porque la documentación no se distribuye homogéneamente según los lugares, los períodos y los aspectos de la vida de los antiguos asirios, debido tanto a la desaparición de muchas fuentes desde la Antigüedad, como también porque que los descubrimientos se refieren principalmente al medio de las élites. La región de Asiria cayó luego bajo el control sucesivo de los imperios medo, aqueménida, macedonio, seléucida, parto, romano y sasánida. Entre mediados del siglo II a. C. y finales del siglo iii surgió un mosaico de pequeños reinos asirios independientes en la forma de Ashur, Adiabene, Osroene, Beth Nuhadra, Beth Garmai y Hatra. La conquista islámica árabe a mediados del siglo VII finalmente disolvió Asiria (Asuristán) como una entidad única, después de lo cual los restos del pueblo asirio (ya entonces cristianos) gradualmente se convirtieron en una minoría étnica, lingüística, cultural y religiosa en la tierra asiria, sobreviviendo hasta el día de hoy como un pueblo nativo de la región. Los asirios eran pueblos de pastores y guerreros. Durante mucho tiempo estuvieron sometidos a los babilonios; pero al empezar a decaer, recobraron su libertad. Formaron un estado independiente con su capital Assur y posteriormente Nínive a orillas del Tigris. Más tarde conquistaron varios pueblos, gracias a que disponían carros y caballos, cascos, corazas y armas de hierro, convirtiéndose en un estado poderoso.

Geografía

El territorio donde se asentaron los asirios era una extensa llanura aparentemente lisa pero interrumpida en algunas zonas por terrenos ondulados y por el afloramiento de algunas rocas grises. Tenían tierra fértil en las riberas de los ríos pero además consiguieron mantener huertos y sembrados gracias a un sistema de riego por canales que derivaba el agua de los cursos de agua. Ocupaba el norte de la antigua Mesopotamia, en el valle del río Tigris, mientras Babilonia ocupaba la parte sur. Sus límites fueron: al norte, una extensión de terreno en terrazas hasta llegar a la región armenia; al sur, Caldea; al este, la región de Media y los montes Zagros; y al oeste, Siria y la llanura de Mesopotamia. El clima de la parte baja de esta región era (y es) seco y agobiante. En la comarca se producía cereal (sobre todo trigo); no había árboles. En los valles de los afluentes del Tigris crecían los bosques de nogales, plátanos, encinas y sicomoros. Durante tres meses había lluvia abundante y a veces incluso nieve en las montañas. En el zona se encontraban magníficas canteras de arenisca blanda, de alabastro fácil de trabajar y de extraer en lajas, y de mármol. En las montañas del noreste se encontraban minas de hierro, cobre, plomo y plata. Contaban con una abundante fauna de animales salvajes en las llanuras del desierto: leones, leopardos, avestruces, gacelas; y en las montañas se podían encontrase osos, gamos y rebecos.

Antecedentes históricos

Entre las cuencas fluviales de los ríos Éufrates y Tigris fueron apareciendo los primeros asentamientos de nómadas semíticos que conquistaron la región y desarrollaron una gran cultura. Por los años 3000 a. C. surgieron muchas poblaciones pequeñas que fueron evolucionando a ciudades estado, establecidas en una tierra fértil que con el tiempo se conocería como Mesopotamia. La historia de estas ciudades estado se desarrolló formando dos nuevos imperios: Babilonia en el sur y Asiria en el norte junto al río Tigris y en su centro la ciudad de Aššur. Durante el III milenio a. C., la región de Asia Occidental estuvo bajo la influencia de la civilización sumeria establecida en la llanura sur de Mesopotamia. Con los sumerios se inició la escritura sobre tablillas de barro que se cocían y se conservaban como un registro que comprendía diversos temas. Al crear la escritura los sumerios crearon el concepto de Historia. Gracias al gran invento de la escritura y a sus consecuencias Sumeria adquirió un gran poder y las regiones del norte de Mesopotamia quedaron más atrasadas en cuanto a cultura y civilización y tuvieron que someterse a los sumerios. Es posible que algunos colonos sumerios se desplazaran hacia el norte del río Tigris tras un hipotético desastre climatológico y que allí fundaran la ciudad de Aššur, que con el tiempo dará sunombre a toda la región. Fue entonces el nacimiento de Asiria. Con la llegada del pueblo nómada de los acadios por el sur de Mesopotamia y con el gobierno de su rey llamado Sargón ambos pueblos (sumerios y acadios) se fusionaron. Los acadios adoptaron la cultura sumeria dando lugar a una cultura sumero-acadia. Después el prestigio de la lengua acadia empezó a tomar importancia mientras se iniciaba la decadencia de la lengua sumeria. Sargón I de Acad murió c. 2215 a. C.; llegó a dominar Sumeria, Acadia y Asiria. Su nieto Naram-Sin, llamado «rey de las cuatro partes del mundo» continuó la labor de su abuelo y llevó a su pueblo hasta lo más alto. Después de su muerte se fue sucediendo la llegada de los nómadas conquistadores, pueblos que habían estado siempre a la expectativa hasta encontrar el momento propicio de irrumpir y guerrear. Así sucedió la embestida de los guti, llegados desde los montes Zagros; la supremacía de los elamitas, más tarde, hacia el año 2000 a.C.; y la de los semitas llamados amurro o amorreos, procedentes de Siria que conquistaron casi todo el territorio de Mesopotamia, incluida Asiria. Muchos de estos pueblos nómadas del norte de Mesopotamia, conquistadores, se fueron uniendo hacia el 1500 a. C. hasta constituir un reino llamado Mitani (o Mitanni) que llegó a ser una gran potencia.30​ Incluso Asiria se vio obligada a rendirle tributo a pesar de que su vieja monarquía se seguía sosteniéndo. Tal situación se prolongó hasta que accedió al trono el asirio Ashur-uballit I (1365 a. C.-1330 a. C.) que invadió y saqueó la capital del reino mitani en un momento de su historia en que ya se encontraba debilitado. Con este rey se inició la fuerza y el poderío de Asiria.31​ Entre 1318 y 1050 a. C. los asirios organizaron su propio imperio, el llamado en la historiografía «Imperio Asirio Medio».

BABILONIA

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Babilonia fue una antigua ciudad de la Baja Mesopotamia. Fue la capital del Imperio Babilónico y del Imperio Neobabilónico. Ganó su independencia después del período del renacimiento sumerio, aunque hay menciones a su existencia desde tan temprano como Sargón de Akkad. Después de mucho tiempo presenciando las luchas entre los estados regionales de Isin, Larsa y Ešnunna, Babilonia fue convirtiéndose poco a poco en una potencia regional, primero sustituyendo el papel que habían tenido Akkad o Kiš para muy posteriormente convertirse en capital de un vasto imperio bajo el mandato de Hammurabi (siglo XVIII a. C.). Desde entonces se convirtió en un gran centro político, religioso y cultural. Aún en época helenística, ya despojada de su segundo imperio y caída en desgracia frente a otras grandes ciudades como Persépolis, Alejandro Magno quiso convertirla en su capital. En el año 312 a. C. Seleuco I Nicátor trasladó la capitalidad del Imperio seléucida a Seleucia, aposentada sobre el río Tigris y no sobre el Éufrates por rapidez de las nuevas vías comerciales. Los babilonios fueron invitados a mudar sus residencias. Para entonces la ciudad había entrado en franca decadencia, siendo abandonada por la mayoría de sus habitantes poco después.3​ A pesar de ello se les permitió quedarse a los sacerdotes de Bēl —relacionados con el templo de Año Nuevo—, y la ciudad funcionó como residencia real durante la ocupación parta. Hasta cerca del año 500 d.C fue un centro religioso de los Amoraim, sabios judíos que comentaron la Torá Oral tomando como base la Mishná. Actualmente sus ruinas, parcialmente reconstruidas por Saddam Hussein a finales del siglo XX, se encuentran en la provincia iraquí de Babil, adyacente a la ciudad de Hilla, y 110 km al sur de Bagdad.

Aproximadamente entre los años 2000 y 500 a.C., Babilonia fue la capital del imperio babilónico y un importante centro religioso y mercantil. También fue el lugar donde se levantó la legendaria Torre de Babel y se construyeron los Jardines de, considerados una de las Siete Maravillas del Mundo antiguo. La ciudad de Babilonia fue famosa en todo el mundo antiguo. Cuando el escritor griego Herodoto la visitó, en torno al año 450 a.C. -tras haber sido conquistada por los persas-, afirmó que «sobrepasaba en esplendor a cualquier ciudad del mundo conocido». Las glorias de la capital incluían inmensos y decorados templos y palacios, además del zigurat de ladrillo que, supuestamente, era la Torre de Babel mencionada en la Biblia. Babilonia se encuentra en Iraq, 88 kilómetros al sur de la ciudad de Bagdad. Entre 1899 y 1913, Babilonia fue excavada por el arqueólogo alemán Robert Kolde-wey y su equipo. Ladrillo a ladrillo, fueron reconstruyendo lentamente la imagen de la antigua ciudad. Su investigación sacó a la luz a Babilonia tal cual había sido en sus años finales, durante el reinado del rey Nabucodonosor II. Bajo las ruinas de la Babilonia de Nabucodonosor se encuentran los restos de la ciudad en épocas anteriores. En el siglo XVII a.C., Babilonia se había convertido en el centro de un amplio imperio, durante el reinado de Hammurabi. El equipo de Koldewey encontró que la Babilonia de Hammurabi contaba con preciosos templos y palacios, así como un complicado laberinto de estrechas calles flanqueadas por casas. Todos los edificios estaban hechos de adobes, sobre cimientos de ladrillos cocidos. La capital de Hammurabi estaba protegida por fuertes murallas. Tras el reinado de Hammurabi, Babilonia pasó a manos de los kassitas, que la gobernaron desde 1660 a.C. hasta 1150 a.C. Entonces, en el siglo VII a.C, los asirios capturaron y saquearon la ciudad.

La Babilonia de Nabucodonosor II

En el siglo VII a. C., con una extensión cercana a las 850 hectáreas (unas 400 de ellas protegidas por el perímetro interior de murallas), Babilonia se convirtió en la mayor ciudad de Mesopotamia, superando a la capital asiria Nínive, que ocupaba unas 750 hectáreas. La arqueología nos ha permitido conocer la ciudad tal y como fue diseñada en tiempos de Nabucodonosor II. Entonces fue reconstruida sobre su forma casi rectangular (unos 2400 x 1600 m​) posiblemente influenciada por la ortogonalidad con la que los sumerios habían construido sus canales para ampliar el territorio cultivable. Fuertemente amurallada y dividida en dos zonas de área desigual por el río Éufrates, esta planimetría data del año 2000 a. C. El recinto descrito, a su vez, Nabucodonosor lo protegió4​ con un segundo cinturón amurallado, mucho más amplio y de geometría tendente al triángulo,​ a lo que Nabónido añadió una muralla interior entre la ciudad y el río, creando una nueva puerta para el paso por el puente al lado oeste de la ciudad;​ esto había sido intentado ya por Nabopolasar y Nabucodonosor, quienes protegieron ese flanco con murallas menores. En esencia, Babilonia era una sucesión de recintos amurallados, unos dentro de otros, regulados geométricamente mediante ángulos rectos y en los que incluso las viviendas reproducían en pequeño, con sus muros escalonados y sus patios interiores, las formas de los templos y los palacios. Cabe decir que este afán constructivo, que permitió a Babilonia albergar unos 500 000 habitantes en el siglo VII a. C., se centró casi exclusivamente en la capital, mientras que el resto del imperio estaba sumido en un proceso de des urbanización.

Características de Nabucodonosor

Ocho puertas de bronce daban paso a la ciudad. La más magnífica de ellas era la Puerta de Ishtar. Sus muros y acceso estaban decorados con brillantes ladrillos vidriados de color azul, además de por relieves de animales que representaban a los dioses babilónicos. Ishtar, la diosa del amor y la guerra, estaba representada por un león; Adad, el dios de las tormentas, estaba representado por un toro. Un grifo representaba a Marduk, que era un dios importante, además del patrón de la ciudad. En época de Nabucodonosor, el río Éufrates atravesaba la ciudad, dividiéndola en dos. Ambas mitades estaban comunicadas mediante un puente de piedra. La parte occidental contenía las casas de la mayoría de los ciudadanos, mientras que la parte oriental contenía templos y palacios. El palacio de Nabucodonosor estaba cerca de la Puerta de Ishtar. Conocido como «Maravilla de la humanidad», se construyó en torno a cinco patios y sus muros estaban decorados con ladrillos vidriados. En el suelo de uno de los patios, los arqueólogos encontraron una inmensa escultura de un león pisoteando el cuerpo de un hombre. La estatua simbolizaba el triunfo de Babilonia sobre sus vecinos.

Defensas

La muralla del recinto interior consistía en un doble cinturón defensivo de 7 m de anchura, al que se le añadía un foso conectado con el río que la rodeaba. El espacio entre los dos muros, de unos 12 m, estaba rellenado con tierra en toda su altura. Había una torre cada más o menos 50 m, con lo que se calcula que hubo cerca de 350. La defensa se completaba con rejas de hierro sumergidas en el Éufrates, allí donde terminaban las murallas, para evitar que el enemigo pudiera vadear el río por sus zonas menos profundas. Las murallas, en ese punto, se protegían del efecto del agua untándose con brea. El río Éufrates tenía un papel importante en la defensa ya que, además de la utilización de sus aguas para crear los fosos, constituía una barrera natural para el recinto exterior, bordeando uno de sus lados.

Religión

De acuerdo con los textos existieron 43 santuarios en Babilonia​ Nabopolasar tímidamente y Nabucodonosor II a gran escala emprendieron una ambiciosa reconstrucción y un embellecimiento de los templos, labor continuada en algunos edificios por Nabónido. Los más importantes fueron los siguientes:

Etemenanki: Zigurat de la ciudad, situado al norte de Esagila, junto al centro geométrico de la ciudad, con lo que la dominaba; esto se interpreta como una preponderancia del poder religioso. Poseía sus propias defensas y anejos. Dedicado a Marduk, la deidad local, ha sido reiteradamente identificada como la bíblica Torre de Babel.​ En el año 323 a. C., Alejandro Magno ordenó demolerlo para volver a reconstruirlo enteramente. Su muerte, sin embargo, inhabilitó su reconstrucción. Se conservan su planta y restos de tres anchas escaleras. Protegido por un perímetro amurallado dentro del cual había otros edificios, destacaba en éste la llamada Puerta Sagrada o Puerta Cerrada, que daba directamente a la Avenida de las Procesiones y que sólo se abría durante dos meses al año, con motivo de las procesiones en honor de Marduk.

Esagila: Complejo religioso dedicado a Marduk. Los babilonios pensaban que estaba construido en el lugar donde había nacido toda vida en la creación del mundo, y sobre el apsû, el Submundo acuoso, y que era una conexión con el mundo del dios Anu. Destruido por Senaquerib y ruinoso en la época neobabilónica, fue cuidadosamente reconstruido por orden de Nabopolasar y especialmente de Nabucodonosor II, quien también ordenó restaurar una famosa estatua de oro del dios.

Templo del Año Nuevo: Estaba situado al norte del recinto interior, entre la avenida de las Procesiones y el río. En él se celebraba la fiesta de Akitu, equivalente al comienzo del año, en honor de Marduk. La fiesta, que duraba varios días y en la que participaba el propio rey, era considerada de máxima importancia, de modo que su no celebración se registraba con temor en los anales. Aún en el año 205 a. C. Antíoco III el Grande, rey seléucida, participó en las fiestas de Año Nuevo de Babilonia.

Templo de Ishtar de Agadé: Uno de los templos dedicados a Ishtar de la ciudad, situado en medio de un área residencial.

Templo de Nabu: Situado en el recinto interior, cerca de la puerta de Ishtar y al oeste de la Avenida de las Procesiones, fue construido en adobe. Los suelos y el patio se cubrieron de betún, mientras que los muros del altar se decoraron con motivos geométricos. En base al análisis de su planta se cree posible que funcionase como escuela o seminario.

El templo de Marduk

Al sur del palacio se encontraba el templo de Marduk, unido a la Puerta de Ishtar mediante una amplia calle llamada Avenida Procesional. Este templo era el centro de la fiesta más importante de la ciudad, que tenía lugar durante el año nuevo y duraba 11 días. En su clímax, el rey encabezaba una procesión que llevaba una estatua de Marduk, a través de la Puerta de Ishtar, hasta un santuario en las afueras de la ciudad. Al norte del templo de Marduk había un zigurat, o pirámide-templo, de ladrillo y que se supone es el origen de la Torre de Babel mencionada en la Biblia. Se alzaba hasta los 91 m de altura y en su cima había un pequeño santuario para Marduk.

Fundación y primeros siglos

Existen distintas opiniones acerca de la fundación de Babilonia; las principales interpretaciones establecen que, o bien fue fundada por Sargón de Acad o reconstruida por este sobre una pequeña ciudad anterior, previamente conquistada. La fuente más antigua conocida que menciona la ciudad es una bareta datada en tiempos del Imperio acadio formado por Sargón de Acad en el siglo XXIV a. C. La Crónica Weidner establece que fue el propio Sargón quien construyó Babilonia “frente a Agadé”.45​ Otra crónica establece, en el mismo sentido, que “Sargón excavó el polvo del pozo de Babilonia, e hizo una contraparte de Babilonia cerca de Agadé” (ABC 20:18-19).45​ Más recientemente, algunos investigadores han sostenido que dichas fuentes pueden referirse a Sargón II (siglo VIII a.C.) y no a Sargón de Acad. Algunos eruditos, incluyendo al lingüista Ignace Gelb, han sugerido que el nombre Babilon refleja el de una ciudad anterior. Según Ranajites Pallmin, esta ciudad estaba ubicada hacia el este.47​ Herzfeld ha escrito sobre Baver en Irán, cuya fundación se atribuye a Jamshid: el nombre Babil podría ser un eco de Baver. David Rohl sostiene que la Babilonia original debe ser identificada con Eridu. Según la Biblia, Babilonia fue fundada por Nemrod (Génesis, 10). Ya comenzada la segunda mitad del siglo XXI a. C., nómadas semitas procedentes del desierto de Arabia (amorreos y tidnum) expropiaron a Amar-Sin, rey de Sumer y Acad, parte de los territorios del centro de Mesopotamia (Acad), queriendo penetrar en Kish; pero fueron expulsados de esta última ciudad, quedando limitados a las orillas del Éufrates, es decir, a Babilonia. Por ser su única posesión importante por mucho tiempo, los martu, se encargaron de engrandecerla y embellecerla. En el año 2004 a. C. el imperio de Ur, conocido como el periodo Ur III, cayó ante una coalición de pueblos nómadas procedentes de los montes Zagros: elamitas, la ciudad de Isin, y los amorreos o martu. Estos últimos se asentaron en la Media y Baja Mesopotamia, apoderándose de las ciudades y fundando dinastías amorritas en ellas.

Primer período imperial

Una de las ciudades bajo gobierno Amorreo, fue Babilonia, que, si bien hacía ya mucho tiempo que estaba bajo dominio amorreo, no tenía dinastía propia. La Primera Dinastía Babilónica, fue fundada en 1894 a. C. por el amorrita Sumu-Abum. Se convirtió así, en una ciudad-Estado independiente regida por esta dinastía, cuyo sexto rey, Hammurabi (que reinó desde 1792 a. C. hasta 1750 a. C. según la cronología media), engrandecería colosalmente y extendería sus dominios, transformándola en la capital del Imperio Amorreo, que dominó toda la Mesopotamia. Desde entonces, y en adelante, adquirió gran relevancia como la verdadera metrópoli de todo el sur de Mesopotamia. Pero el imperio no duró mucho. Tras la muerte de Hammurabi, comenzaron las revueltas: en 1729 a. C. los primeros caudillos casitas (tribu aria indoeuropea y nómade), comenzaron sucesivos intentos de conquista de Babilonia en 1720 a. C. una región en el extremo meridional de Mesopotamia conocida como País del Mar, comienza sucesivas revueltas con la fundación de una dinastía propia. El imperio no era sólido, y tras la muerte de Hammurabí tuvo que enfrentarse a distintos problemas: principalmente el nacionalismo sumerio al sur, el avance de los casitas al este y el poder creciente de los hurritas al norte, que en aquella época crearon un imperio llamado Mitanni.48​ Finalmente, en 1595 a. C., sin poder resistir las presiones de los casitas del sur, Samsu-Ditana, último rey del Primer Imperio Babilónico, fue depuesto por el caudillo casita, Agum II. En el 1531 a. C. el casita Mursili II destruyó la ciudad de Babilonia y sobre sus ruinas se establecieron los casitas.

Dominio asirio y breves independencias

El gobierno asirio de la ciudad de Babilonia estuvo marcado por las rebeliones de la nobleza local, fuertemente nacionalista. La ciudad de Babilonia era entonces una provincia menor, aunque culturalmente fuerte, que mantenía sus propios reyes dependientes de los monarcas asirios. El rey asirio Assurubalit intentó mejorar las relaciones con la ciudad casando a una de sus hijas con su rey Karakardash y colocando a su nieto como rey de los casitas. Sin embargo, el asesinato de este último marcó una represalia militar que encendió el nacionalismo babilonio, ya arraigado hasta la nueva independencia de la ciudad. Con Salmanasar III (859-824 a.C.) Babilonia, como otras provincias, aprovechó las revueltas internas asirias para tratar de obtener la independencia. Para entonces ya estaban instalados en ella los caldeos, que habían llegado uno o dos siglos antes. Babilonia volvió a estar bien controlada por los asirios durante el reinado del usurpador asirio Tiglatpileser III (745-727 a. C.), que aprovechó el fin de la dinastía babilónica para hacer valer su poder allí con más fuerza. Volvieron a producirse nuevas rebeliones en Babilonia durante el reinado de Senaquerib, que se vio obligado a intervenir militarmente en la ciudad y a deportar a parte de su población. Más tarde, ante la continuidad de las rebeliones, destruye completamente la ciudad. Asarhaddon (681-669 a. C.), hijo de Senaquerib que accedió al trono tras una guerra civil, casó con una babilonia y fundó una doble monarquía en el imperio, una en Nínive, la capital de su padre, y otra en Babilonia. A su muerte reparte el imperio entre dos hijos, dándole a uno Asiria y a otro Babilonia, pero Assurbanipal, el heredero de Asiria, no tarda en volver a controlar Babilonia, esta vez mediante un pacto pacífico, firmado solamente después de una larga serie de incidentes bélicos que siguió a la división del imperio. Este pacto sólo duró unos pocos años; después, Babilonia y Asiria nuevamente en guerra, el rey babilonio acabó suicidándose en el año 648 a. C. y Assurbanipal conquistó la ciudad, ordenando asesinar a sus habitantes.

Embellecimiento de Babilonia por Nabucodonosor II

Fue bajo el gobierno del rey Nabucodonosor II (605-562 a. C.) cuando Babilonia llegó a ser una de las ciudades más espléndidas del mundo antiguo. Nabucodonosor ordenó la completa reconstrucción de las tierras imperiales, incluyendo la reconstrucción de los Jardines colgantes de Babilonia (una de las siete maravillas del mundo), de los cuales se dice haber sido construidos para su nostálgica esposa Amytis. La existencia de los jardines es un tema de disputa: a pesar de que las excavaciones del arqueólogo alemán Robert Koldewey parecen confirmar su existencia, muchos historiadores están en desacuerdo sobre la localización, y algunos creen que pueden haber sido confundidos con los jardines de Nínive.

Babilonia bajo los persas

Después de pasar varias vicisitudes, la ciudad cayó en el 539 a. C. bajo el mando de Ciro el Grande, rey de Persia. Bajo Ciro y su heredero, Darío I el Grande, Babilonia se convirtió en un centro de aprendizaje y avance científico. Los eruditos babilonios completaron mapas de constelaciones, y crearon los fundamentos de la astronomía y las matemáticas modernas. Sin embargo, bajo el reinado de Darío III Codomano, Babilonia empezó a estancarse progresivamente.

Babilonia helénica

La ciudad helénica básicamente fue la misma que la neobabilónica y la aqueménida. Los edificios más altos seguían siendo el zigurat Etemenanki y el Palacio real del Sur. Ni siquiera variaron significativamente las viviendas. La única huella indudablemente griega en la urbe fue la construcción de un teatro en la zona interior oriental. Alejandro Magno intentó una restauración de la urbe que se vio truncada por su muerte y cuyo mayor efecto fue el derribo del zigurat para construir uno nuevo que nunca llegó a realizarse. A partir de entonces la decadencia de la urbe se aceleró hasta abandonarse. En el año 312 a. C. Seleuco I Nicátor trasladó la capitalidad del Imperio seléucida a Seleucia, aposentada sobre el río Tigris y no sobre el Éufrates por rapidez de las nuevas vías comerciales. Los babilonios fueron invitados a mudar su residencia a la nueva capital. Para entonces la ciudad había entrado en franca decadencia, siendo abandonada por la mayoría de sus habitantes poco después.3​ A pesar de ello se les permitió quedarse a los sacerdotes de Bēl —relacionados con el templo de Año Nuevo— y la ciudad, ya reducida a un pequeño pueblo, funcionó como residencia real durante la ocupación parta. Hasta cerca del año 500 d.C fue un centro religioso de los Amoraim (Arameo: אמוראים; singular אמורא, Amorá; “Aquellos que dicen” o “Aquellos que comentan”), que fueron los sabios judíos que comentaron y trasmitieron las enseñanzas de la Torá Oral (Torá she baal pé) tomando como base la Mishná. Su período se extiende aproximadamente desde el año 220 d.C hasta el año 350 d.C en Israel y el año 500 en Babilonia.

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